La lluvia obliga a suspender la bajada de los danzadores de Anguiano

Los vecinos se han resguardado en la iglesia/L.C.
Los vecinos se han resguardado en la iglesia / L.C.

Público y danzadores se han tenido que refugiar en la iglesia debido al aguacero

L.R.

Un intenso aguacero caído este domingo en Anguiano ha obligado a suspender la tradicional bajada de los danzadores. El suelo mojado hace todavía más peligrosa la actividad, por lo que los organizadores han decido cancelarla. Danzadores y público han estado esperando durante casi una hora a que suelo se secara, pero finalmente han decidido que era demasiado arriesgado.

Este lunes es el día más multitudinario, el de Santa María Magdalena, patrona de Anguiano.

La tradición marca que ocho «danzadores» se lancen por una empinada cuesta de 58 metros con un desnivel del 20 por ciento en algunos tramos, al mismo tiempo que tocan las castañuelas, bailaban y giraban sobre sí mismos al son de dulzainas y tambores.

En su vestimenta destaca, sobre una camisa blanca, un chaleco con cintas prendidas de forma horizontal con siete tonalidades de colores chillones, una enagua y una falda -saya- de color amarillo-naranja, que es pesada para que tenga caída y favorezca el vuelo, con lo que se logra un vistoso efecto campana en los jóvenes.

No existe un conocimiento exacto de cuando comenzó esta tradición, aunque hay documentos escritos que dan testimonio de ella ya en el inicio del siglo XVII.

A pesar de la tormenta de hoy, en 2019 el calor será una de las principales dificultades para repetir esta tradición «porque hace mucho y eso no ayuda, aunque tampoco es la primera vez», ha explicado a Efe la alcaldesa de Anguiano, Gemna López.

Ha subrayado la «importancia» que tiene esta tradición en el pueblo «en donde no es lo importante la gente que viene a verlo, aunque sean miles de personas, sino el arraigo que tiene en nuestra gente».

De hecho, «desde niños, todos los habitantes de Anguiano quieren participar» y por eso «cada año hay lista de espera para los ocho puestos», relata la alcaldesa, quien recuerda que además de en julio, los danzadores también bajan la cuesta en septiembre.

Ahora «lo que queremos es que todo vaya bien, para quienes danzan y para los visitantes» en un pueblo que permanece ya «cerrado» al tráfico desde hace días.