Herce repartió 1.200 raciones de cebollas asadas

Parte de los voluntarios de la III feria de la cebolla asada de Herce./Sanda Sáinz
Parte de los voluntarios de la III feria de la cebolla asada de Herce. / Sanda Sáinz

La asociación Almovívena ha convertido la feria, en sólo tres ediciones, en un referente cultural y gastronómico

Sanda Sáinz
SANDA SÁINZHerce

La segunda jornada de la III Feria de la cebolla asada, de Herce, comenzó ayer con la apertura del mercado de artesanía y alimentación, a las once de la mañana. Una hora después tuvo lugar la degustación de 1.200 raciones, cada una de las cuales incluía tres de cebollas asadas, un huevo a la brasa y jarrito de vino o agua.

La cita, organizada por la asociación Almovívena, resultó un éxito y contó, como novedad, con la ambientación musical de la escuela de dulzaineros de La Rioja. Anun Ibáñez preside Almovívena, que cuenta con doscientos sesenta socios, aunque ayer colaboraron también sesenta voluntarios.

El programa incluyó bingo popular y, por la tarde, se llevó a cabo una visita guiada por el municipio con el exsenador Kiko Martínez-Aldama como anfitrión, que mostró con orgullo y pasión los lugares más destacados de su pueblo. Al terminar la ruta hubo concierto de 'Men in Jazz' en el salón de usos múltiples del Ayuntamiento y después tuvo lugar la clausura de la feria y del mercado.

La organización cuidó al detalle cada elemento, facilitando el aparcamiento a los visitantes, algo que se agradece. La entrada al circuito urbano se realizó por una puerta del siglo XIII que daba acceso al monasterio de Santa María, hoy en día desaparecido. Lo primero que se encontró el numeroso público fue el punto de información y, a continuación, los puestos del mercado artesanal (este año participaron 25 de Herce y otros pueblos riojanos).

También se instalaron cinco colecciones durante el recorrido: de filatelia, cervezas, coca-colas, conchas y muñecas antiguas. Con este evento, Almovívena pretende dar a conocer la cultura e historia de Herce y poner en valor su tradición agrícola como 'cebolleros', ya reflejada en el catastro del Marqués de la Ensenada del siglo XVIII.

En la ruta, Kiko Martínez-Aldama resaltó monumentos como la iglesia parroquial de San Esteban, el palacio o parte de la nave de la iglesia del antiguo monasterio, que se conserva gracias a su padre dentro de un edificio de su propiedad. Además, explicó la configuración del pueblo desde el medievo con barrios diferenciados: de 'Los Buenos' (cristianos), 'Moro' (musulmanes), calle Real (judíos) y 'Suana' (gitanos).