Lluvia de alegría en San Felices

La Batalla del Vino de Haro reunió a miles de romeros en los Riscos de Bilibio donde celebraron la popular y tradicional guerra de tinto en una jornada donde el intenso calor se hizo notar y mucho. :: DONÉZAR

Los Riscos de Bilibio acogen un año más la celebración de la tradicional y singular Batalla del Vino de Haro

Óscar San Juan
ÓSCAR SAN JUAN

Haro cumplió y la Batalla del Vino se celebró. Ayer, día de San Pedro, los Riscos de Bilibio recibieron a miles de romeros... en remolques, furgonetas, coches o a pie, y armados con sulfatadoras, pistolas de agua o con la clásica bota. Los participantes en la tradicional y singular guerra recorrieron los casi seis kilómetros que separan la ciudad jarrera con el paraje de San Felices para darlo todo en tan particular contienda.

El sol asomaba a espaldas del santo e iluminaba el camino a su pueblo. La santa misa celebrada en la ermita marcaba el inicio del encuentro, y el caldo preparado para la ocasión comenzaba a inundar los terrenos protegidos por San Felices de Bilibio. En la ceremonia participaba como es costumbre la Cofradía de San Felices de Bilibio, con su prior a la cabeza, Jorge Zabala, que estuvo acompañado por Lydia Arrieta, regidora síndica de las fiestas; por Chenoa Abeytua, jarrera mayor; y por Joseba Etxeberría, jarrero mayor, entre otras personalidades y romeros.

Las ropas blancas de los participantes se volvían de color morado, y la fiesta se completaba al son de las charangas. La música amenizaba la mañana, no muy calurosa durante los primeros instantes, pero con la amenaza de la alerta roja en el horizonte. Los grados subían paulatinamente, y el calor se apoderaba del valle. La fiesta era completa, la Batalla del Vino provocaba alegría por doquier, y San Felices sonreía desde su altar.

Tocaba regresar. La multitud descendía, ya con el astro rey enviando sus tórridos rayos de sol. A las 11 horas el mercurio alcanzaba los 30 grados. Una hora después arrancaban las típicas vueltas, y la temperatura rozaba los 35 grados. No obstante, San Pedro se celebra una vez al año, y los romeros, ataviados con su pertinente ropa morada, cruzaban el puente sobre el río Tirón, atravesaban la calle Navarra y accedían a una abarrotada plaza de la Paz. El recorrido concluyó en la calle de Nuestra Señora de la Vega.

Seguidamente, y como manda la tradición, la plaza de Toros de la ciudad jarrera fue el destino final del festejo. Los mozos se enfrentaron a varias reses bravas y al intenso calor. La temperatura buscaba los 40, circunstancia que convirtió el final de la fiesta en una pequeña hazaña para los que se mantuvieron en el espacio taurino hasta la última suelta.

Un año más, la Batalla del Vino de Haro ha supuesto la reunión de los romeros en los Riscos de Bilibio, llegados desde la cercana Haro, y diferentes puntos de La Rioja, España, y del extranjero. El día de San Pedro, la ciudad de Haro vuelve a honrar a su patrón con tan señalada celebración. El santo dio la bienvenida al lugar donde vivió y al que ampara, y pone el broche de oro a unos días festivos donde San Felices de Bilibio, maestro de San Millán, ha sido ensalzado y distinguido, y donde ya aguarda, impaciente, para el encuentro del año que viene.