El adiós a fuego lento de la Jira

Las campas de Fuente El Moro se quedaron pequeñas durante toda la Jira. :: j.l./
Las campas de Fuente El Moro se quedaron pequeñas durante toda la Jira. :: j.l.

Cientos de jarreros culminan las fiestas de la Vega con un recital de jolgorio

JÖEL LÓPEZ

Es posible que haya gente que no le vea la más mínima gracia a comer, beber y pasar horas en un parque. Pero la tiene. Y mucha. La Jira que despide las fiestas de septiembre en Haro se compone, en esencia, de esas tres variables. Y no hace falta más para pasar un día divertido con risas y muy buen rollo.

Dicen que el origen de la Jira viene de los trabajadores que solo tenían un día libre para disfrutar con la familia. Ese día iban a Fuente El Moro para merendar y pasar la tarde.

Ese acto sencillo y humilde se ha convertido en fiesta popular y, sin perder la humildad y la sencillez, el evento ha trascendido a todos los jarreros que quieren pasarlo bien en el último día de las fiestas.

La merienda sigue siendo importante pero, sobre todo los más jóvenes, amplían el horario desde el mediodía y hasta última hora de la tarde. Durante todas esas horas da tiempo para muchas cosas, pero la más importante es reír y, como decía el poeta, dejarse ser en amistad.

Y poco a poco, a fuego lento, como esas calderetas de concurso que se han ido cocinando durante la jornada, los jarreros y jarreras iban despidiéndose de las fiestas en honor de la Virgen de la Vega.

El recorrido por las campas de Fuente El Moro era un paseo por corrillos, cuadrillas y familias que celebraban, cocinaban, comían y bebían y ofrecían a aquellos que se acercaban. Puede que siga habiendo gente a la que esto no le parezca nada del otro mundo pero comer, beber y compartir puede ser tan divertido.

Solo es cuestión de encontrar el momento y el lugar adecuado, como es el caso de la Jira de Haro. Y tras la diversión tocaba la vuelta. Un camino de varios kilómetros en las que las charangas marcaban el ritmo cansado pero aún con energía que llevaba a los participantes hasta el centro de una ciudad que despediría con un pasacalles de antorchas, un toro de fuego en la plaza del teatro Bretón y el tradicional entierro de la cuba unas fiestas memorables.

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