La chopera de la memoria rural

Miembros de la asociación El Colletero de Nalda posan junto a los árboles de la chopera. :: D.M.A./
Miembros de la asociación El Colletero de Nalda posan junto a los árboles de la chopera. :: D.M.A.

La asociación El Colletero planta un centenar de chopos apadrinados por pueblos

DIEGO MARÍN A.

Alberite está en Nalda. Y Sorzano. También Castañares de Rioja, Muro de Aguas, Pinillos y Entrena. Hasta el desaparecido Vegamián (León) está en Nalda. Incluso Trogen, una comuna suiza. La asociación El Colletero de Nalda ha plantado en la vega del río Iregua, junto a la Vía Romana, un centenar de chopos. «Una familia de la localidad que por edad ya no puede atender el terreno nos lo cedió y coincidió que nos regalaron unos chopos, pensamos y, para dar visibilidad a los pueblos, decidimos plantar una chopera y dedicar cada árbol a un pueblo», recuerda Fabiola Pérez Moral, miembro de El Colletero. El proyecto 'Un chopo por mi pueblo' enseguida reunió los primeros colaboradores. El primer árbol dedicado es para Nalda, también de pueblos vecinos del Bajo Iregua, pero también de fuera, como Torremocha del Jarama (Madrid).

La condición para poder apadrinar un chopo es que un colectivo de un municipio colabore con la causa aportando 50 euros para el cuidado y mantenimiento del proyecto. Desde El Colletero ya piensan en cómo identificar cada árbol y acondicionar mejor el terreno, mientras los chopos van creciendo. El proyecto cuenta, además, con un elemento emotivo importante. Y es que años atrás ya existió allí una chopera que fue una auténtica área recreativa de Nalda, ya que se encuentra junto a la poza de Santaelena, algo así como las piscinas del pueblo antes de la construcción de las municipales.

LOS DATOS

Qué
proyecto 'Un chopo por un tueblo'.
Dónde
Nalda.
Cuánto
50 euros.
Quién
asociación El Colletero.
Por qué
para «dar visibilidad a los pueblos de menos de 5.000 habitantes».
Cómo
www.elcolletero.org

«La idea es plantar aquí un chopo para dar visibilidad a los pueblos de menos de 5.000 habitantes», expone Fabiola. En ese sentido, subraya, «el más significativo es Vegamián», el pueblo natal del escritor Julio Llamazares, sumergido bajo las aguas del embalse Juan Benet en 1969, la misma historia que el viejo Mansilla o Pajares, localidades riojanas igualmente perdidas bajo las aguas. Llamazares ha inmortalizado a Vegamián en su obra, aunque no ha sido él quien ha apadrinado el chopo. «Tenemos un compañero, Faustino, que también es de allí, nos dijo que le encantó la idea y que quería que su pueblo estuviera representado allí», relata Fabiola.

El proyecto 'Un chopo por mi pueblo' es, por una parte, una acción simbólica, pero, por otra, una auténtica reforestación de la ribera del río Iregua. Historia y naturaleza en un momento en el que los pueblos reivindican su pasado, presente y, sobre todo, su futuro para luchar contra la despoblación. «En plena revuelta de la 'España vaciada' nosotros también queremos dar visibilidad a los pueblos más pequeños», apunta Fabiola.

Quien desee participar en la iniciativa puede contactar con El Colletero, que le entregará un diploma acreditativo. Más adelante la asociación organizará un acto para identificar cada árbol. «Una chopera como esta es algo simbólico, representa a un pueblo, que es un conjunto de personas, pues esto es lo mismo, un conjunto de chopos que, además, normalmente se han utilizado para disfrutar del río. Lo que queremos es recuperar este entorno y que la gente pueda volver aquí a disfrutar, merendar...», advierte Fabiola.