Por San Blas, el azúcar verás

Imagen de San Blas, en Cornago, con un rosco colgado. :: /Sanda Sáinz
Imagen de San Blas, en Cornago, con un rosco colgado. :: / Sanda Sáinz

Sanda Sáinz
SANDA SÁINZ

No cabe duda de que las celebraciones de San Blas son de las más dulces del santoral en nuestra región. La tradición popular vincula esta fiesta a diversos productos que, con el paso del tiempo, se han convertido en imprescindibles en los diferentes actos entorno al 3 de febrero.

En la mayoría de los casos forman parte de las ceremonias religiosas. Lo popular, en este caso lo gastronómico, se une al culto y lo enriquece haciendo partícipe de forma directa a la gente, no solo en lo espiritual, sino en la satisfacción gastronómica. El azúcar sube el ánimo, aunque luego nos pese.

Hoy tendremos el reparto del gran rosco en la catedral de Calahorra (los donativos se destinarán a la restauración de la capilla del Cristo de la Pelota). Los devotos podrán acercarse para que bendigan sus roscos (cada quince minutos desde las 12 hasta las 13.30 y de 15 a 20 horas). También se podrá degustar un rosco gigante en Alfaro hoy a partir de las 13 horas.

Con forma redonda, de estrella, blancos, con chocolate, adornados con dulces y de varios tamaños no pueden faltar por San Blas.

También protagonizaron la peculiar 'limosna' o subasta que tuvo lugar ayer en la ermita de San Blas de Cornago. Y qué decir de las rosquillas, presentes estos días en la capital riojana y otros municipios de la región.

Pero roscos y rosquillas no son los únicos dulces del patrono de las enfermedades de la garganta. En la rica 'golmajería' riojana destacan productos más concretos y únicos como los barzones de Autol (pan dulce), los manguitos de Cervera del Río Alhama y sus barrios (bizcocho de uno o varios pisos, cubierto de merengue) y los bollos y roscas de Entrena.

En estos tiempos en los que tenemos de todo en cualquier momento del año, mantener y promover el consumo de estos alimentos en fechas exclusivas resulta esencial para que continúe siendo algo singular. Debemos preservar las tradiciones gastronómicas para que no pierdan su esencia y su sabor.