El arte de cruzar hilos

La encajera más joven, con 7 años, llegó de Rincón de Soto. /Isabel Álvarez
La encajera más joven, con 7 años, llegó de Rincón de Soto. / Isabel Álvarez

La asociación Arteca reunió ayer en Calahorra a 325 encajeras en su concentración de artesanía textil

Isabel Álvarez
ISABEL ÁLVAREZCalahorra

Paciencia y habilidad son dos cualidades imprescindibles en el encaje de bolillos. Quienes practican esta labor saben muy bien que es un arte que requiere de mucho tiempo. Es a la vez una especie de danza manual que merece la pena contemplar. Las bobinas de hilos pasan entre los dedos de las manos, chocándose continuamente y provocando un singular tintineo.

El sonido del choque de las bobinas se amplificó ayer en el pabellón Europa de Calahorra, en la decimosexta concentración-exhibición de artesanía textil organizada por la asociación Arteca. Un total de 325 encajeras participaron este año en la convocatoria. Llegaron desde distintas regiones de España, cargadas de cojines, bolillos, hilos de colores, alfileres y telas. Así, no faltaron grupos de Aragón, Navarra, La Rioja, País Vasco y de Castilla-La Mancha.

Orgullosas de sus labores, mostraban todo tipo de bordados, al tiempo que compartían su habilidad en una técnica tradicional cuya práctica se ha ido perdiendo con el tiempo. Un arte que se ha trasmitido, como otras muchas artesanías, entre diferentes generaciones. De madres a hijas y de abuelas a nietas, como demostraban las participantes más pequeñas de la concentración: tres niñas de Rincón de Soto, cuya abuela les ha inculcado su pasión por las labores y, en especial, por los bolillos.

Hubo grupos de Aragón, Navarra, La Rioja, País Vasco y Castilla-La Mancha

Aunque el encaje de bolillos fue el protagonista indiscutible de la jornada, el público también pudo ver en la concentración la práctica del ganchillo, agujas y otras técnicas de labor.

Exposición y rifa

La concentración contó además con una exposición de bordados, compuesta de pañuelos, manteles, ligas y cuadros. No faltó tampoco un sorteo de regalos donados por patrocinadores y algunas de las participantes en la cita. La rifa se celebró al finalizar la convocatoria, después de cuatro horas intensas de labores que un año más hicieron de Calahorra un punto de reunión para muchas aficionadas. Algunas tan sólo llevaban un año aprendiendo esta labor tan minuciosa, mientras que otras llevaban toda la vida con las bobinas entre los dedos. Por eso ayer fue una jornada para escuchar y recibir consejos. También para compartir experiencias y en definitiva para poner en valor un arte que nace dentro de los hogares, que se ha trasmitido de boca en boca y que es vital conservar por infinidad de motivos.

En Calahorra continúa vivo gracias a la asociación Arteca, a través de esta concentración y de sus cursos culturales.