Honor y gloria a Francisco Montero

Momento de la cogida a Daniel Menés. /Sonia Tercero
Momento de la cogida a Daniel Menés. / Sonia Tercero

Puerta grande para el novillero toledano y grave cornada a Daniel Menés, en una peligrosa novillada de Partido de Resina

Pablo García Mancha
PABLO GARCÍA MANCHALogroño

El alma y el coraje de Francisco Montero salvó a la paupérrima novillada de Partido de Resina. Genio, mansedumbre y ausencia absoluta de bravura para todos los espectadores menos para el presidente, que le regaló a 'Quiteño', el sexto, una vuelta al ruedo aberrante. Fue al caballo de lejos, Mario Herrero se lució en un puyazo extraordinario, pero el toro fue una prenda que casi revienta a Montero cuando lo vio descubierto por el pitón izquierdo y lo volteó por los aires en unos instantes dramáticos. Por el derecho sólo el coraje del novillero obró el espejismo. Lamentable vuelta al ruedo que no puede esconder la desgraciada corrida de Partido de Resina ni el esfuerzo sobrehumano que hicieron los tres toreros anunciados.

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Sin duda, la tarde la salvó Francisco Montero, que entró como sustituto de Maxime Solera y que se presentó con el tercero de la tarde con dos faroles de rodillas y un gaonera, en la que el astado le arreó un volteretón terrible del que salió con una cornada en la axila de doce centímetros. Antes se había medido a quites con Dani Menés y había dejado muy claro que no venía de paseo. Tras el susto inicial, se despojó la chaquetilla y remató con dos zapopinas. La plaza hervía. Toda su faena se resumió en el querer por encima de todo. Aprovechó lo poco que le ofreció el novillo y con la inercia inicial logró acompasar series rematándolas con pases de pecho en los que se volcaba sobre la res. Una oreja de mérito que sacó al público la mediocridad que imponían los antiguos pablorromeros, totalmente desdibujados y vacíos de contenido.

Secuencia de la cogida y de los momentos posteriores / Sonia Tercero

Javier Orozco tuvo un lote imposible. Presentó muy bien los engaños y toda su actuación estuvo marcada por el reposo. Pero cualquier lucimiento era pura utopía.

Daniel Menés se llevó la peor parte. Al entrar a matar al quinto, el toro lo cogió de lleno en la pierna derecha. La cornada estaba ahí, la cuadrilla se lo llevó entre gestos de dolor tras una feísima voltereta en la que voló por los aires.

2ª Feria del Zapato de Oro

La corrida
Novillos de Partido de Resina (antiguos Pablo Romero), una escalera de tipos y hechuras. Infumables y con peligro. El sexto fue premiado con una alucinante vuelta al ruedo.Javier Orozco: silencio tras aviso en ambos.
Javier Orozco
silencio tras aviso en ambos
Daniel Menés
pitos tras aviso y herido
Francisco Montero
oreja y oreja. Salió por la puerta grande
Plaza de Toros Arnedo Arena
media plaza
Enfermería
Daniel Menés, herida en el tercio inferior interno del muslo derecho, con dos trayectorias, la descendente es muy profunda, atraviesa tendones y músculos y pasa a la cara posterior de la rodilla. Se le traslada al FHC. Pronóstico grave s/c. (Dr. A. Domínguez).Francisco Montero: herida en el tercio superior sobre bíceps de brazo derecho con trayectoria de 10 cms. Se interviene quirúrgicamente. Además, presenta un puntazo en el tórax derecho y varetazo en el glúteo derecho. Pronóstico leve (Dr. Fco. Rodríguez).

En la plaza se había instalado el pánico. Y salió el sexto. Solo había una certidumbre: Montero se la iba a jugar. Y así lo hizo, aunque estuviera mermado de brazo, el corazón se le salía por la boca. El toro se movió siempre para mal y tras la feísima cogida por el pitón izquierdo, no se arredró y le buscó las vueltas al morlaco en una faena a cara de perro. Derechazos a toda velocidad buscando la ligazón librando como fuera la tosca embestida. Un final trepidante por manoletinas y una emoción que trepó a los tendidos sólo por la encomiable disposición de un Francisco Montero que recordaba a los novilleros de los años sesenta. Había llegado a Arnedo casi desde de las capeas, con ecos de triunfos por lo civil o por lo criminal. Y así se fue de Arnedo, con la primera puerta grande de la feria y con esa fe infinita capaz de mover montañas.