Comienzo frío y sin emoción

Juan Carlos Carballo, al natural, con el sobrero 'Clarinete', el utrero con más emoción del festejo. :: justo rodríguez/
Juan Carlos Carballo, al natural, con el sobrero 'Clarinete', el utrero con más emoción del festejo. :: justo rodríguez

Juan Carlos Carballo dio una solitaria vuelta al ruedo ante una novillada de Pedrés seria pero sin apenas fondo

PABLO GARCÍA MANCHA

arnedo. La novillada de Pedrés que abrió el abono del Zapato de Oro tuvo más fachada que contenido; excepto el sobrero que salió en cuarto lugar -que era tío con toda la barba y que sacó temperamento-, y el primero, que desarrolló cierta nobleza, el resto de los utreros dieron escaso margen para que los novilleros dejaran aflorar sus buenas dotes taurinas. Juan Carlos Carballo, que sustituyó a última hora a Carlos Ochoa, dejó sobre el ruedo arnedano constancia de su entrega y ambición. Entendió bien al primero, que aunque le faltaba cierta chispa, quería tomar los engaños con cierta franqueza. Carballo lo toreó a media altura y con gusto especialmente en dos series medidas por el pitón derecho. No le quiso apretar porque se había dado cuenta de que el toro estaba cogido con alfileres e iba a cantar la gallina, como terminó pasando. En su segundo turno se las vio con 'Clariente', un sobrero con hechuras de toro que tuvo emoción y un punto de temperamento al que había que someter. Y Carballo lo hizo con capacidad y gusto, con varias series en redondo largas y templadas. La faena era de oreja clara pero se atascó con la espada y acabó siendo silenciado.

Pablo Atienza dejó algún muletazo rico en cadencia y temple al segundo de la tarde, un toro con mucha clase pero con nula acometividad. Se le vieron formas y gusto por el toreo bueno, pero la faena se fue diluyendo por la incapacidad del toro para embestir. El segundo de su lote fue un novillo incierto y dificultoso. Intentó extraer alguna serie pero sólo logró lancearlo a gusto con la mano derecha y tampoco la faena pasó a mayores.

Lo mejor de la tarde con el capote llegó en el tercero de manos de Alejandro Gardel a la verónica en un recibo de manos muy bajas y de mucho compás; lo abrochó con una preciosa media. La faena tuvo demasiados altibajos aunque hubo algún natural templado y con gusto.

El sexto, un precioso castaño, se lesionó la mano de salida y fue reemplazado por un novillo suelto de carnes y astifino. Gardel lo etendió a medias, aunque el toro no tuvo malas intenciones en sus arrancadas. Faena intermitente, con buen concepto en todo lo que trató de hacer, pero sin llegar a calar entre los aficionados. Falló con la espada y se perdió un posible aunque lejano triunfo.

Novillada seria de Pedrés pero con muy poco fondo en líneas generales y que se remató con una tarde en la que los tres diestros estuvieron fatal con los aceros.

 

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