«Intentaba cogerle de los pitones, pero nada... imposible»

Carlos Martínez, en el Complejo Hospitalario de Navarra. /  EDUARDO BUXENS/DIARIO DE NAVARRA
Carlos Martínez, en el Complejo Hospitalario de Navarra. / EDUARDO BUXENS/DIARIO DE NAVARRA

El mayoral corneado en agosto en Alfaro se recupera en el Complejo Hospitalario de Navarra tras 23 días sedado en la UCI

L.J.R.

Carlos Martínez Moreno lleva postrado en una cama del Complejo Hospitalario de Navarra desde el 17 de agosto. Llegó allí en helicóptero desde Calahorra a primera hora de la mañana. Tenía quince cornadas en el cuerpo. En el recuento que ayer hacía para Diario de Navarra, se olvidaba de una: tres en el abdomen, tres en la ingle, una en el escroto, otra en el pie derecho, dos más en la zona lumbar, una en la espalda, una en cada axila (la de la izquierda con dos trayectorias) y una en el glúteo. Carlos Martínez es el mayoral que fue corneado en la finca de Toropasión (Alfaro) por un morlaco de 580 kilos y que le ganó el órdago a la vida. «He tenido mucha suerte, no me tocó nada vital», celebra.

En una entrevista publicada ayer por el rotativo pamplonés, el mayoral explica que aún conserva en la memoria aquellos diez o quince segundos que le parecieron «dos minutos». «Fui con la yegua a apartar un toro para un espectáculo. Le di con la garrocha, fue hacia mí y chocó contra la yegua». En ese momento salió despedido de su montura (algo que sí ha olvidado) y cayó al suelo. Recuperó el conocimiento y llegó el toro: «Empezó a levantarme, a darme las cornadas. Yo intentaba cogerlo de los pitones, porque igual así me evitaba cornadas o algo, pero nada, imposible. Me pasaba por encima, me levantaba. En caliente, las cornadas se notan un poco, pero no mucho... pero los pisotones, que lo ves encima...»

En ese momento apareció su 'ángel de la guarda'. Es su jefe, Germán, que estaba junto a él en un todoterreno. «Consiguió llevárselo con el coche y como pude me apoyé en el lado del copiloto y me eché al asiento», describe en la entrevista.

Ahí empezó su agonía... y la de su jefe. «En el coche ya estaba muy mal. Me costaba respirar. Germán me decía 'por tu vida no te duermas. No te duermas' y me daba golpes en la cara. Fuimos con el coche hasta Calahorra. Yo iba consciente todo el rato, pero no sabía el alcance de las cornadas. Tenía mucho dolor y no podía respirar. Me costaba mucho». Tras las primeras curas en la Fundación Hospital de Calahorra, un helicóptero le trasladó a Pamplona. «Alguien me gritó ánimos y yo levanté el pulgar. Se cerró la puerta del helicóptero y ya no me acuerdo de nada más».

Estuvo sedado en la UCI 23 días, hasta San Mateo, el 21 de septiembre. «Las cornadas se habían cerrado mientras estuve sedado. Solo notaba la molestia en el pie y en el hombro, que aún me sigue doliendo bastante». Días después, cuando cogió el teléfono, le esperaban 2.000 mensajes de whatsapp. «No tengo palabras de agradecimiento para el hospital, para el personal de la UCI» y para todos los que le apoyaron.

Su recuperación total aún tardará. Ha perdido 18 kilos y no tiene musculatura para ponerse en pie, pero está animado. «Un poco cansado por llevar muchos días en cama, pero de ánimo me encuentro bien».

La factura que le giró el toro incluye seis costillas fracturadas y la clavícula y la escápula partidas. Hace dos semanas le operaron durante 16 horas para reconstruirle el pie derecho con un injerto del peroné izquierdo. Pese a todo, conserva el humor. «Tengo el récord de cornadas», relata entre risas al redactor de Diario de Navarra. «Un recortador me dijo: 'Oye, que me has adelantado. Yo tengo tres cornadas en todos estos años y tú, en un momento, quince». También piensa en los toros. «El año que viene iremos a la batalla. Me costará, pero vamos a seguir dando guerra».

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos