El abrazo de la plaza alfareña

Afición. El segundo encierro de toros fue ayer rápido y atrajo a cientos de corredores de diversas provincias./
Afición. El segundo encierro de toros fue ayer rápido y atrajo a cientos de corredores de diversas provincias.

El público ovacionó ayer al mayoral Carlos Martínez, que un año atrás fue severamente corneado en su finca por uno de sus astados

Ernesto Pascual
ERNESTO PASCUAL

Decenas de corredores llegados de diversas provincias de todo el país y cientos de personas disfrutaron ayer del segundo encierro de toros de estas fiestas. Resultó muy atractivo para unos y otros. Rápido, con numerosos huecos para gustarse con las carreras. Y con el reto de, en la primera de las dos pasadas, medirse a un astado que afiló la manada y se destacó por delante con su velocidad.

Un año atrás, el encierro abría también la cuarta jornada de las fiestas alfareñas. Pero lo hacía con retraso. Pronto corrió la voz. El mayoral de la ganadería afincada en Alfaro Toropasión había sufrido una severa paliza por uno de sus toros, que le cosió el cuerpo con quince cornadas de las que fue recuperándose tras 36 días en cuidados intensivos.

Un año después, el personal de corrales de la plaza de toros y sus compañeros de la ganadería Toropasión le reencontraron sobre el albero de la plaza de toros en la prueba posterior al encierro alfareño. Y junto a ellos, el público le brindó una larga ovación compartiendo la alegría por poder celebrar su segundo cumpleaños cada 17 de agosto. Entre los momentos de emoción, el abrazo con su compañero y amigo Germán Villar, quien le quitó el toro de encima en la finca de Toropasión, salvándole la vida.

La plaza estaba llena ayer por la mañana en el momento del homenaje. Porque nadie quería perderse el espectáculo de las vacas saltarinas de la ganadería Arriazu, capaces de sobrevolar ante cualquier obstáculo... llevando también el susto a los que estaban en callejón y primeras filas.