UN CUENTO PARA ADULTOS

Kándido Uranga sustituyó a Ramón Barea. :: donézar
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Kándido Uranga sustituyó a Ramón Barea. :: donézar

Hay cuentos que no empiezan por 'Érase una vez...', fábulas que cuentan con personajes cotidianos, leyendas que hablan de hechizos y de magia, relatos que narran sueños. El pasado martes en el teatro Bretón de los Herreros de Haro el público asistió a un cuento, pero no uno cualquiera. Un cuento, sí, pero para adultos. Una historia que aborda la realidad cotidiana y la lleva a esa fase de la mente donde dudamos si los sueños son reales o simplemente son ensoñaciones.

La unión de Hika Teatroa, de San Sebastián, y Kabia Teatroa y Pabellón 6, de Bilbao, hizo posible 'La noche árabe', cuarta obra que competía en la fase oficial del certamen nacional de teatro 'Garnacha de Rioja'. Y una apuesta arriesgada, tanto en el formato como en la puesta en escena.

Cinco actores en escena, entre ellos Kándido Uranga, que se metió en la piel de Lomeier, a última hora. Ese papel es el que habitualmente hace Ramón Barea, premio nacional de teatro 2013, pero un problema de salud le impidió estar en Haro. Y Uranga, que suele hacer el mismo personaje pero en la representación en euskera, supo resolver uno de los papeles de la obra.

Un edificio de apartamentos es el lugar donde se desarrolla la acción física. Franziska, interpretada por Ane Pikaza, es una vecina que vive con Fátima, María Goiricelaya, y cuando llega la tarde se duerme y ya no se acuerda de dónde está ni quién es.

Un hechizo parece ser que la dejó en esa situación años atrás. Y la maldición va más allá ya que los hombres que la besen también quedarán malditos. Y los tres protagonistas masculinos, Uranga, Gabriel Ocina y Oskar García, no pueden resistirse.

Poco a poco se van desencadenando situaciones que parecen alejarse de todo sentimiento racional para sucumbir al poder de la mente y quedar atrapados en una botella, deambular por el desierto o jerecer una atracción irremediable sobre las mujeres.

Todo eso sin salir de un edificio que el público se imagina por medio de los ruidos hechos en directo por un beatboxer. Iker Vergara, sentado prácticamente en el techo, va poniendo ritmo a la obra con el goteo incesante del agua, el sonido de los timbres o las puertas que se abren y cierran. Un acierto ya que es una parte fundamental de la puesta en escena.

Y otro acierto es el juego que dan las proyecciones y las luces para completar las ensoñaciones, como la de la botella, que hacen pensar en todo momento que lo que se cuenta es hasta real y te hace mirar una y mil veces a la de verdad, la que se encuentra en la mesita, esperando encontrar ahí lo que se ve detrás.

Un cuento para adultos para dejarse llevar, para dejar volar la imaginación y para dejar que los protagonistas cuenten la historia.

Y esta noche continuará el Garnacha con 'Reinas', la historia de diez reinas interpretadas por Actrices para la Escena de Zaragoza.

 

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