Un vino que te pasas

Miguel Martínez muestra uno de los racimos de uva que tiene colgados para que se pasifiquen en Sojuela. :: p.h./
Miguel Martínez muestra uno de los racimos de uva que tiene colgados para que se pasifiquen en Sojuela. :: p.h.

Miguel Martínez elabora el primer supurao blanco de la DOC

PILAR HIDALGO

En la parte alta de un antiguo pajar de Sojuela respira la nueva ilusión de Miguel Martínez, un joven viticultor que prepara la primera añada de un supurao blanco. El vino supurao se caracteriza porque se elabora a partir de uvas pasificadas, que luego se trujan para extraerles un caldo dulzón.

Miguel recuperó en el 2010 esta antigua tradición presente en muchos pueblos de La Rioja de hacer vino con las uvas que se habían vuelto pasas. «Era un vino para celebraciones especiales. En algunas familias, el padre hacía supurao cuando nacía una mujer en casa y lo guardaba para consumirlo en el día de su boda», relata.

A él también le ha llevado unos años madurar su nuevo proyecto de crear un supurao blanco. El tinto Ojuel, marca con la que lo comercializa, ha cosechado varios premios incluso en lugares con tanta proyección como el Basque Culinary Center. Como si de chorizos se tratase, ahora descansan en las 'colgaderas' dispuestas en la parte alta del pajar los racimos de tempranillo blanco que alumbrarán la primera añada de un supurao blanco que ampara la DOC Rioja.

Para contar con el amparo de la DOC (que no incluye al supurao, pero sí los semidulces), Miguel ha tenido que seguir el proceso de elaboración y respetar las características que se exigen a los vinos semidulces.

Tras la vendimia, los racimos se cuelgan en un lugar alto y con ventilación natural, en donde irán pasificándose hasta enero. «En las 'colgaderas' la uva irá adquiriendo unas características diferentes a las vendimias tardías, con sabores que recuerdan al membrillo, la naranja,...». El caldo dulce que se extrae de esos racimos fermenta durante un año en barrica y luego se embotella. A partir de ahí está listo para servirlo en la mesa.

En Sojuela, Miguel pasifica en estos momentos unos 4.000 kilos de uva, mitad para componer tinto y la otra mitad para blanco. Con ellas aspira a llenar unas 2.000 botellas de supurao con las que brindar por nuevas ilusiones.

 

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