La voracidad ilimitada en 'Comportarse como adultos'

Un fotograma de 'Comportarse como adultos'./
Un fotograma de 'Comportarse como adultos'.

Costa-Gavras da a su última película un ritmo casi frenético, que va a más conforme avanza el filme

Boquerini .
BOQUERINI .

Konstantinos Costa-Gavras ha recibido el primero de los Premios Donostia de la 67 edición de San Sebastián este sábado 21. La película elegida como colofón a la ceremonia ha sido el último trabajo del cineasta franco griego, 'Comportarse como adultos'.

Se trata de una historia realista, incluso aterradora, ya que explica en manos de quien está Europa. Está basada en el libro de memorias de Yanis Varoufakis, el que fue ministro de finanzas griego durante los peores años de la crisis, en que la Comisión Europea estaba empeñada en expulsar a Grecia del Euro y en imponer un plan de austeridad que iba a empobrecer aún más a la población helena. La película sigue a Varoufakis desde que es designado como ministro hasta el día que dimitió. Y no se calla nada: muestra los consejos de ministros de la Unión Europea, el funcionamiento de la Troika, la imposiciones y las maniobras con las que Varoufakis contraatacaba para impedir que cerrasen los bancos y que los castigos económicos que desde la poderosa Europa se intentaba imponer al pueblo griego, no se pudiesen implantar. Una historia tremendamente realista que también muestra la dictadura de los opulentos países ricos, con Alemania a la cabeza, contra los pobres del sur.

Costa-Gavras da a la película un ritmo casi frenético, que va a más conforme avanza el filme. El cineasta es un maestro del montaje y el ritmo en todas sus películas, pero aquí casi no da tiempo a pensar quién es cada uno de los personajes, y esto es un problema, porque la visión del filme exige conocer al dedillo cada uno de los dirigentes europeos de aquellos años, cómo funcionaban las reuniones del eurogrupo, las leyes con las que funcionaban, qué es la Comisión Europea, la Troika… Conviene, antes de ver la película, refrescar un poco la memoria. Pero sobre todo lo que se saca del filme es que los voraces dirigentes de las instituciones europeas ignoran cualquier sentido de compasión o humanidad, y que se mueven como personajes de una tragedia griega. El tono realista desaparece en la última escena para mostrar, como una danza macabra en una habitación, como se acorrala al Primer Ministro griego impidiéndole cualquier salida.

Como casi todas las películas de Costa-Gavras, esta es también una tremenda denuncia política. Esta denuncia, que ha rodado con 83 años, es la mayor de todas las que ha contado, porque habla de cómo los países grandes pretender anular y hundir al pequeño. Y no hay solución a esto. Bravo por un cineasta que sigue en plena forma.

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