Cartelera

Cuando tu vida se decide en un examen

Vincent Lacoste y William Lebghil, dos amigos que se dejan los cuernos estudiando en 'Mentes brillantes'.

'Mentes brillantes' desprende verdad en su retrato de la universidad francesa al tiempo que denuncia el elitista y despiadado sistema de selección de los estudiantes de Medicina

Oskar Belategui
OSKAR BELATEGUI

Qué envidia del cine francés, que acostumbra a abordar un conflicto inédito en el cine español: la educación. 'Mentes brillantes', discutible traducción del título original, 'Primer año', rezuma verdad en su retrato de las penurias de los estudiantes que comienzan a estudiar Medicina en la universidad pública francesa. El propósito del director, Thomas Lilti, que ya habló de los médicos en 'Hipócrates' y 'Un doctor en la campiña', es denunciar la competitividad y el esfuerzo brutal que asumen los alumnos al enfrentarse a un examen que condicionará su paso al segundo curso por el reducido número de plazas.

«Solo el 2% de ustedes continuará aquí el año que viene», advierte un profesor el primer día de clase en un aula atestada. Estamos acostumbrados a las comedias de estudiantes que dedican el curso lectivo a la farra. Pero los dos amigos protagonistas de 'Mentes brillantes' no tienen tiempo casi ni de tomarse un café. Uno es un recién llegado, hijo de cirujano, al que no parece costarle mucho estudiar. A los campeones se les conoce en la línea de salida. Y este buen tipo con una 'chambre' junto a la Sorbona tiene muchas posibilidades de acabar trabajando junto a su padre.

El otro vuelve cada día al hogar familiar en los suburbios. Es el único 'tripitidor' del curso y sabe que este año es su última oportunidad de ser médico. Está obsesionado por aprobar los exámenes. Compra todos los libros de las asignaturas y estudia día y noche junto a su amigo. Ambos renuncian por la carrera a la vida familiar y sentimental. En 'Mentes brillantes' no hay borracheras ni fiestas, tampoco profesores majos que dan lecciones de vida. Bienvenidos al mundo real de la universidad.

Lilti consigue su propósito de mostrar «la energía de los estudiantes trabajando». El director, que estudió Medicina, se preguntó cuando promocionaba 'Un doctor en la campiña' por qué faltaban médicos en las zonas rurales. Y llegó a la conclusión de que quizás la culpa fuera del sistema que los forma. «Quería contar la violencia y el reto de estos grandes exámenes que determinan toda una vida», explica. «Yo viví ese demencial primer año de carrera, en el que tu vida se centra exclusivamente en estudiar algo que finalmente será evaluado en pocas horas. Salimos de la escuela secundaria y el sistema educativo ya nos pone a competir, nos clasifica, nos opone. ¿En qué momento hemos aceptado esto como normal?».

Vincent Lacoste y William Lebghil en el centro de la atestada clase.
Vincent Lacoste y William Lebghil en el centro de la atestada clase.

Vincent Lacoste y William Lebghil aportan la vulnerabilidad y humanidad de esta conmovedora historia de amistad. No se trata exactamente de enfrentar al rico y al pobre, al que brilla académicamente sin esforzarse y al frustrado, sino al que tiene los códigos del sistema al haberlos recibido por herencia cultural y al aspirante al que no le han enseñado a aprender. «Si no estás en el lado correcto, si no tienes estas 'facilidades' innatas o adquiridas para jugar de forma natural al juego 'teórico' de los exámenes, entonces tendrás que esforzarte el doble que los demás. Los estudios ya no están para enseñar, sino para valorar unas habilidades ya aprendidas», establece el director.

Pocas veces se ha mostrado en una película el esfuerzo del estudiante postrado en su escritorio durante horas, la angustia ante un examen tipo test y el vértigo de correr a buscar tu nombre en una lista. 'Mentes peligrosas' rezuma un aire documental en la descripción de la convivencia en las aulas francesas, con estudiantes bullangueros que tienen que madrugar y hacer cola para coger sitio en clase. Y sabe ser sutil en la psicología de los personajes, como en esa historia de amor frustrada entre uno de los protagonistas y su vecina de escalera. Millón y medio de franceses han disfrutado de este desolador lamento por un sistema elitista y deshumanizado. Debería ser de proyección obligatoria en todas las universidades españolas.