'Psicosis' y la censura

Janet Leigh en la célebre secuencia de la ducha de 'Psicosis'./
Janet Leigh en la célebre secuencia de la ducha de 'Psicosis'.

La obra maestra de Alfred Hitchcock se las tuvo que ver con los censores españoles, que se empeñaron en recortar la celebérrima escena de la ducha

BOQUERINI

El 2 de abril de 1961 se estrenaba en España 'Psicosis', la película más famosa de Alfred Hitchcock, un año después de que lo hiciese en Estados Unidos. Sin embargo, la cinta que vieron los espectadores españoles aquel día no era exactamente la misma que se había aclamado por los espectadores de todo el mundo. Como en la mayor parte de las películas estrenadas antes de noviembre de 1977 (cuando fue suprimida por un Real Decreto cuatro años antes de que se aprobase la Constitución), también 'Psicosis' estaba mutilada por la censura imperante en España, censura que se superponía a las consideraciones que el Código Hays ya le había impuesto a Hitchcock para su estreno en su país.

Protagonizada por Anthony Perkins, Janet Leigh y John Gavin, 'Psicosis' mostraba cómo una mujer que ha cometido un desfalco llega a un motel solitario regentado por un extraño personaje. La película contenía algo insólito y muy arriesgado para el cine de la época: la protagonista moría a los 20 minutos de proyección. Se trata de una película de bajo presupuesto, que Hitchcock levantó como alternativa a un proyecto más caro que se le había venido abajo, con la acción limitada a cinco decorados y con la fotografía en blanco y negro, casi como uno de sus telefilmes de 25 minutos que realizaba por entonces.

'Psicosis', producida por Hitchcock, se había rodado entre el 11 de noviembre de 1959 y el 1 de febrero de 1960. La escena fundamental de la película, la famosa 'escena de la ducha', todo un modelo de planificación narrativa, cuya duración es solo de 45 segundos, fue rodada durante una semana con 68 emplazamientos diferentes de cámara, a partir de un story board diseñado por Saul Bass. Según contó Alfred Hitchcock, los censores encargados de hacer cumplir el Código Hays insistieron en que en esa escena se veía uno de los pechos de Janet Leigh cuando era asesinada. Hitchcock, pasados unos días, mantuvo los planos intactos, y volvió a presentar la película sin corte alguno, para su aprobación, aunque sin advertir este extremo.

Sorprendentemente, cada uno de los censores invirtió su postura inicial: los que habían visto el pecho ahora no lo veían, y los que no lo habían visto, ahora lo veían. La película fue aprobada después de que se quitara una toma que mostraba los glúteos de la doble de Leigh que había usado Hitchcock, quien dijo que si le permitían mantener la escena de la ducha rodaría una versión más romántica del inicio, bajo la supervisión de los censores. Al no presentarse ninguno el día previsto para la nueva toma, la apertura del filme quedó tal como estaba.

Sin embargo, la enfermiza censura española tenía otros criterios, ya que todo lo que fuese 'mundo', 'demonio' y especialmente 'carne' no se podía mostrar en el cine. Y en este último caso se medían siempre los centímetros de piel mostrada, independientemente de que se tratase de un asesinato y de un cadáver. Un primer informe censor preliminar del filme indicaba: «Película psicopoliciaca, en torno a un demente sexual. El desarrollo argumental es morboso y, salvo la originalidad que pueda suponer la técnica cinematográfica empleada en ciertos momentos del relato, no se hace sino golpear de nuevo sobre el mismo tema visto ya en tantas películas procedentes de países donde, al parecer, tanto abunda ese tipo de criminalidad».

Por supuesto, la inquietud de los censores estaba provocada por la dichosa escena de la ducha donde aprovechaban para ejercer la crítica cinematográfica: «Ambiente morboso, de pesadilla en el que se describe con insana delectación como un cadáver se desangra en una bañera. En definitiva, una fantasía freudiana, rodada por una buena cámara pero pesada, artificiosa, pesada e indigesta, y, por supuesto, poco recomendable desde el punto de vista moral».

Los censores españoles decidieron cómo se debía montar esa escena, considerada como la cumbre del montaje cinematográfico, enmendando la plana a Hitchcock, y decidiendo lo que no se podía ver: «Abreviar la escena de la ducha de Marion, suprimiendo desde el plano, cuando después de meterse en el baño cierra la cortina, hasta el plano en que se la ve duchándose y al fondo, en transparencia, aparece enseguida el asesino». La creatividad de los censores también señalaba que había que «abreviar la escena del asesinato, dejando solo dos puñaladas, una al comienzo de la escena y otra al final de la misma, en la espalda, eliminando, por consiguiente, todos los planos de desnudo intermedios».

Asimismo insistían que había que «suprimir, asimismo, un plano de desnudo de Marion, tomado desde arriba, antes de caer la cortina». Estas consideraciones, obligatorias para que la película se pudiese estrenar en España, fueron tomadas casi por unanimidad. Solo hubo un censor que discrepó con sus colegas: «No debe cortarse nada de la ducha ni de cuando el criminal observa a su víctima. Ninguna persona normal puede inquietarse por las formas desnudas de una agonizante».

Alfred Hitchcock con Janet Leigh en el set de 'Psicosis. Abajo, Anthony Perkins, inolvidable en el papel del perturbado Norman Bates.

Afortunadamente, la fama de 'Psicosis' fue enorme en todo el mundo, considerándola como una obra maestra del cine, lo que provocó que la película se reestrenase en España bastantes veces, pasando nuevamente por los enfermizos ojos de los censores que años después ya no vieron nada que censurar.

Hitchcock siempre pensó que 'Psicosis' era su mejor película: «Mi principal satisfacción es que la película ha actuado sobre el público, y es lo que más me interesaba. El argumento me importa poco, los personajes me importan poco, lo que me importaba es que la unión de los trozos del filme, la fotografía, la banda sonora y todo lo que es puramente técnico podían hacer gritar al público. Creo que para nosotros cineastas, es una gran satisfacción utilizar al arte cinematográfico para crear una emoción de masas. Y con 'Psicosis' lo hemos conseguido. No es un mensaje lo que ha intrigado al público, no es una gran comunicación lo que ha conmovido al público. No era una novela de prestigio lo que ha cautivado al público. Lo que de verdad ha emocionado al público era el filme puro».

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