En cartelera

Mi hijo es un demonio

James Gunn produce un relato iconoclasta que mezcla horror y superhéroes: ¿qué ocurriría si el Hombre de Acero fuese un villano desde niño y no el salvador del planeta?

Borja Crespo
BORJA CRESPO

¿Qué puede ocurrir si mezclamos la archiconocida historia de Superman con una película de terror? ¿Y si el famoso superhéroe fuese un villano desde su infancia? Va a parar a nuestro planeta en su cápsula espacial siendo un bebé, pero cuando va creciendo es un niño de armas tomar. Esta es la premisa de partida de 'El hijo', las hazañas del Hombre de Acero al revés, bajo la perspectiva de una mente pérfida. La humanidad no está a salvo, está en peligro.

No es de extrañar esta mezcla de géneros, horror y superhumanos, viendo quién está detrás del proyecto. James Gunn, encumbrado gracias a su participación en el desarrollo del Universo Cinematográfico de Marvel de la mano de 'Guardianes de la Galaxia', aportando un tono que ha venido muy bien a la franquicia 'Avengers', es el productor ejecutivo de un filme que desmonta el tradicional relato del nacimiento de un paladín de la justicia. Gunn ya aportó una visión iconoclasta del tema con 'Super', propuesta a reivindicar, y no olvidemos que sus primeros pasos en el medio audiovisual fueron con Troma, la productora de cine basura por antonomasia.

Ahora vuelve a recordarnos que no hay que tomarse demasiado en serio el origen de un defensor del planeta, igual que sus comentarios en Twitter. Para ello apadrina a David Yarovesky ('The Hive') detrás de la cámara, con Elizabeth Banks ('Dando la Nota'), David Denman ('The Office'), Jackson A. Dunn ('Shameless') y Meredith Hagner ('Younger') en el reparto. Que un extraterrestre con superpoderes utilice sus virtudes para sembrar el caos o dedicarse a ayudar al personal es una lotería. 'El hijo' se disfruta como 'serie B', es menos malsana de lo que pueda parece, no deja de tener ínfulas comerciales, a la postre un pequeño lastre.

La puesta en escena es tan solvente como poco imaginativa. Nutre la tendencia incombustible de estrenar cuentos macabros protagonizados por críos que son un demonio (por ejemplo, la insulsa 'The Prodigy', un lanzamiento reciente, o 'Bosque maldito', ganadora en el festival FANT de Bilbao, de próxima aparición), un subgénero que lanza la voz de alarma sobre el sobado concepto de inocencia relacionado con la infancia. La crueldad también puede venir en los genes… o desde el espacio exterior.