«La Guerra Civil llega hasta hoy»

Jon Garaño, Jose Mari Goenaga y Aitor Arregi, los directores de 'La trinchera infinita', en el Festival de San Sebastián. /Efe
Jon Garaño, Jose Mari Goenaga y Aitor Arregi, los directores de 'La trinchera infinita', en el Festival de San Sebastián. / Efe

Los directores de 'Handia', Jon Garaño, Aitor Arregi y Jose Mari Goenaga, saltan al castellano y compiten por la Concha de Oro con 'La trinchera infinita', la historia de un topo oculto durante 33 años

Oskar Belategui
OSKAR BELATEGUI

Mira que hay pocas películas dirigidas a seis manos, pero Jon Garaño, Aitor Arregi y Jose Mari Goenaga llevan ensayando la fórmula desde que 'Loreak' descubrió al mundo hace cinco años que había unos vascos que rodaban filmes llenos de sensibilidad y pudor, tan próximos a eso que podemos llamar carácter vasco. 'Handia', la cinta en euskera más taquillera de la historia, demostró que se podían ganar diez Goyas desde la periferia, sin pertenecer a clanes ni camarillas. En un quiebro inesperado, los directores guipuzcoanos vuelven a competir en el Zinemaldia, donde nunca se han llevado la Concha de Oro, con una cinta en castellano sobre la Guerra Civil.

En realidad, la contienda bélica que ayer explicaba Amenábar en su lección de Historia sobre Franco y Unamuno no deja de ser el telón de fondo de un drama conyugal que transcurre a lo largo de 33 años. Los que estuvo oculto un topo andaluz en su casa hasta que Franco promulgó en 1969 la prescripción de los delitos de guerra. Dos extraordinarios Antonio de la Torre y Belén Cuesta protagonizan 'La trinchera infinita', un tratado sobre cómo el miedo se instaura en la personalidad y desintegra una familia que llega a los cines el 31 de octubre.

-Para ser una película de alguien encerrado durante 33 años no paran de pasar cosas.

–Esa era la intención. Desde las primeras versiones del guion el arranque era muy intenso y el final muy emocionante. El caballo de batalla era todo lo que sucedía en medio. Llegamos a pensar si a lo mejor estábamos sobrecargando de acontecimientos la trama, pero son 33 años en la vida de un matrimonio y ahí caben muchas cosas, incluidas situaciones extremas. Teníamos que elegir los mejores momentos. Hay gente a la que le da miedo la película por el argumento. Nos lo han dicho amigos nuestros: ¿una película de un tío encerrado durante treinta años?

–Han evitado los personajes maniqueos. El propio protagonista no es un ningún santo, se sobreentiende que ha quemado iglesias, ha participado en actos violentos.

–La propia naturaleza de la propuesta, la historia de un topo, hace difícil que alguien no vea a priori los personajes como maniqueos. Pienso en el personaje del vecino que va tras él, tratamos de que no fuera demasiado malvado pero a la vez es lógico que resulte amenazante. La sombra de duda sobre el personaje de Higinio (Antonio de la Torre) ayudaba a romper con el maniqueísmo.

–No se basan en ningún topo real, porque al principio se habló de que era la vida de Manuel Cortés Quero, el alcalde 'topo' de Mijas...

–Es un personaje de ficción que se nutre de casos reales. Tiene parte de realidad, pero es totalmente ficticio. El detonante para hacer la película fue el documental '30 años de oscuridad', que se centra en Manuel Cortés. Está producido por nuestros coproductores andaluces de 'La trinchera infinita'. Fue una inspiración, pero nunca pensamos en hacer la versión cinematográfica. Los topos compartían muchas cosas a pesar de estar tan diseminados.

–Dice José Luis Rebordinos, director del Zinemaldia, que esta no es una película sobre la Guerra Civil, sino sobre el miedo.

–El gran motor es el miedo y la historia de un matrimonio, cómo él entra físicamente en el zulo pero ella también. Pasan de ser una pareja luminosa a una par de viejecitos que han vivido una odisea doméstica.

–Belén Cuesta es tan protagonista como Antonio de la Torre, su personaje se ve obligado a guardar las apariencias durante tres décadas.

–Es más fácil empatizar con Rosa que con Higinio. Es una sufridora, cada vez que sale conectas con ella. Higinio tiene la sombra de duda de su pasado y un punto de cobardía, aunque es víctima de la situación. La figura del topo es bastante incómoda, lo cuentan Torbado y Leguineche en su libro. Las parejas de los topos eran más atractivas que los propios escondidos.

–Todo el pueblo sabía que estaba escondido, con el paso de los años se acababa sabiendo.

–Algunos topos fue una sorpresa que saliesen y otros no, porque contaban con vecinos cómplices. Cuando estábamos localizando en un pueblo andaluz, un vecino nos contó que encima de su casa él escuchaba y veía cuando era niño a una persona. Y sus padres le decían que no había nadie. Pasó toda su infancia aterrorizado porque pensaba que allí vivía un fantasma. Y era un topo.

Antonio de la Torre, un concejal de izquierdas que escapa del bando nacional en los primeros compases de 'La trinchera infinita'.
Antonio de la Torre, un concejal de izquierdas que escapa del bando nacional en los primeros compases de 'La trinchera infinita'.

–¿Se han sentido cómodos en el salto del euskera al castellano, o más bien al andaluz?

–Hemos hecho dos largos en euskera, pero hemos rodado cortos y documentales en castellano, inglés, árabe y hasta en butanés. No se nos ha hecho tan extraño. Nos preocupaba que resultara real la forma de hablar de los personajes. Estos vasquitos que vienen a contar la historia de una pareja en el interior de Andalucía... Nuestro productor andaluz nos puso en contacto con expertos en el habla andaluza y los actores ayudaron mucho. Antes nos preguntaban por qué rodábamaos en euskera y ahora por qué en castellano. La historia es la que te pide el idioma.

–¿Su generación conoce la Guerra Civil?

– No. Las cosas pasan y se va transmitiendo una historia a la que te agarras, por eso surgen cíclicamente las polémicas. Con el personaje del hijo intentábamos mostrarlo, él reprocha a sus padres que le hayan inoculado el miedo a no se sabe muy bien qué. Era importante dejar entrever esa ceguera que podemos tener las nuevas generaciones. Y si hablamos ya de la gente más joven, a la que no le importa lo que ha ocurrido en el pasado...

–¿Es una película oportuna?

–Suponemos que sí. La Guerra Civil y sus consecuencias son lo suficientemente complejas como para llegar hasta el día de hoy. La película entronca con varios debates políticos que hay abiertos hoy en día. No pretendemos para nada arrojar luz, solo queremos que al público le diga algo. El título, 'La trinchera infinita', alude al largo periodo que el protagonista permanece escondido, pero también a que los conflictos no acaban, que lo de hoy es consecuencia de lo de ayer. Vivimos en un bucle sin fin.

Crítica de 'La trinchera infinita'