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Dumbo domestica a Tim Burton

Dumbo domestica a Tim Burton

El director de 'Eduardo Manostijeras' firma una rutinaria traslación a imagen real del clásico animado de Disney, donde lo más transgresor es un villano sospechosamente parecido a... Walt Disney

Oskar Belategui
OSKAR BELATEGUI

Tim Burton fue un niño tímido, abstraído y extraño, que creció sumergido en las macabras fantasías de Edgar Allan Poe y en el realismo siniestro y atormentado de Charles Dickens. Nació en 1958 en Burbank, un suburbio de Los Ángeles. Aquel mismo año, Ed Wood rodaba 'Night of the Gouls' en el cementerio de la ciudad, no muy lejos del hogar de los Burton. Unas calles más allá, Walt Disney trabajaba en 'La bella durmiente'. Dos mundos destinados a encontrarse en la obra de un cinéfilo cultivado en la parodia de los clásicos y en los últimos estertores de la serie B.

Burton pasó la mayor parte de su adolescencia en cines cuya programación basculaba entre las películas de monstruos japonesas y los títulos de la factoría de Roger Corman. Con muchas aspiraciones en el terreno artístico y muy pocas posibilidades profesionales, ingresó en el Instituto de Artes Gráficas de California. Ni siquiera llegó a graduarse, pero su pericia para el dibujo no pasó desapercibida.

El director realizó su aprendizaje cinematográfico becado por la Disney. A comienzos de los 80, era el tipo más rarito que trabajaba en los estudios de animación de la compañía en Burbank, los mismos que se construyeron en 1940 gracias a las ganancias de 'Blancanieves y los siete enanitos' y en los que se rodó 'Dumbo' en 1941. Tenía 21 años. Pero «dibujar gentiles zorrillos», según sus palabras, no colmaba las ansias artísticas de un creador en ebullición.

En 1982, rodó para la casa de Mickey Mouse dos exitosos cortometrajes: 'Vincent' y 'Frankenweenie'. En ellos ya estaba el germen de su obra, la atracción por los universos fantásticos, poblados por seres excéntricos que acostumbran a ser víctimas de la intolerancia establecida por una supuesta normalidad. Después vendrían 'Bitelchús', 'Eduardo Manostijeras', 'Batman vuelve', 'Ed Wood'... Cuentos de hadas que son al mismo tiempo alegatos contra la vulgaridad. El antiguo realizador de 'cartoons' se transformó en un visionario y extravagante escultor de pesadillas animadas en imagen real.

El éxito en taquilla de su colorista versión de 'Alicia en el país de las maravillas' hacía que solo fuera cuestión de tiempo que Burton volviera a 'reconvertir' para Disney un clásico del cine de animación. Con sus 64 minutos, 'Dumbo' fue la segunda película de dibujos más corta del estudio detrás de 'Saludos amigos', que solo duraba 42 minutos. Llegó a los cines estadounidenses el 23 de octubre de 1941, en plena guerra. El fracaso de la experimental 'Fantasía', que no se pudo estrenar en Europa por el conflicto bélico, provocó que Walt Disney fuera sobre seguro.

La historia de un pequeño elefante que nace con orejas gigantes –una nueva vuelta de tuerca al cuento del Patito Feo– conquistó a la crítica y el público de todo el mundo. En la cinta animada el protagonismo recaía en los animales y los humanos eran personajes secundarios, villanos la mayor parte de los casos. En la versión de Tim Burton la acción se centra en los miembros del circo de los Hermanos Medici y no tanto en el paquidermo volador. Ningún animal habla. 'Dumbo', para bien y para mal, es la película que uno espera de Tim Burton a la vista de la 'domesticación' que padece en los últimos años y su rendición a un público familiar.

Dreamland (Sueñolandia), el parque de atracciones en el que acaba Dumbo, al cuidado del personaje de Colin Farrell. Abajo, Michael Keaton, el villano de la función, y Danny DeVito.

Y es que desde 'Big Fish', todos sus largometrajes parecen rodados con el mismo filtro de Instagram, que les proporciona esa pátina de universo cuqui de fantasía con cielo crepuscular. Un desvencijado tren que carga en sus vagones un circo que conoció días mejores nos introduce en las vidas de sus miembros. Colin Farrell regresa de la guerra viudo y sin un brazo. De ser la estrella del espectáculo de equitación pasará a ocuparse de los elefantes. Sus hijos (Nico Parker y Finley Hobbins) adiestrarán al recién nacido, que cuando aspira una pluma y estornuda agita sus orejas y logra volar.

Será, cómo no, la nueva atraccion y la salvación del circo que dirige Max Medici (Danny DeVito) y que el dueño de un parque de atracciones (Michael Keaton, el más entonado de la función) compra en bloque para hacerse de oro. La nota más transgresora del filme es precisamente la figura de ese villano que mercantiliza el mundo del espectáculo, vende muñecos del elefantito como pionero del merchandising y es idolatrado por el público.Es decir, un retrato del mismísimo Walt Disney.

Sin embargo, poca transgresión encontramos en este rutinario 'reboot', que tiene sus momentos álgidos en los números circenses de este Dumbo con ojazos de anime japonés y en la tensión provocada al comprobar si será capaz de volar. El oficio de Burton –y la omnipresente partitura de Danny Elfman, 17 películas ya juntos– consiguen algún escalofrío de emoción, al igual que el deslumbrante diseño de producción al concebir Dreamland (Sueñolandia), ese parque de atracciones que se diría Coney Island diseñada por un científico loco. Las evoluciones en el trapecio de Colette (Eva Green) también desprenden fascinación, al igual que los dos simpáticos guiños a la cinta de 1941: un ratoncito vestido como el parlanchín Timoteo y unas pompas de jabón con ecos de la célebre escena de la borrachera con elefantes rosas cuyos bocetos diseñó Salvador Dalí.

Que 'Dumbo' es una operación mercantil diseñada con escuadra y cartabón para arrasar en la taquilla mundial lo demuestran los dos mensajes políticamente correctos que introduce con calzador el otrora desbocado autor de 'Mars Attacks'. La curiosa e inteligente hija del protagonista, defensora de la ciencia frente a la superstición, sirve para introducir un alegato feminista. Y los animalistas que abominan de los circos con jaulas pueden respirar tranquilos: además de que todos los elefantes del filme están creados por ordenador, su final reserva una declaración de principios poco creíble viniendo del hombre que resucitó a un bull terrier a golpe de electroshock en 'Frankenweenie'.