Cuatro razones por las que Rocky sigue dejando K.O. la taquilla

Sylvester Stallone en 'Creed II: La leyenda de Rocky'./
Sylvester Stallone en 'Creed II: La leyenda de Rocky'.

El Potro Italiano continúa llenando las salas 42 años y ocho películas después: 'Creed II' ya ha superado el medio millón de espectadores en nuestro país y recaudado 3,5 millones de euros

Oskar Belategui
OSKAR BELATEGUI

Estrenada el pasado 25 de enero, 'Creed II. La leyenda de Rocky' sigue en los primeros puestos del box office español tras llevar a las salas a más de 538.000 espectadores y recaudar tres millones y medio de euros. Ocho entregas no han mermado la fascinación que el Potro Italiano sigue despertando entre un público predominantemente masculino. ¿En dónde reside la fascinación por un icono del folclore estadounidense, creado por un actor y director que también ha resucitado una y otra vez? Dong, primer asalto.

1.

Nostalgia

Rocky forma parte de la memoria sentimental de un par de generaciones crecidas en salas de barrio. Los que eran muy pequeños cuando se estrenó la primera película en 1977, sí que recuerdan 'Rocky IV' –la más taquillera de la saga–, ambientada en plena 'guerra fría' y con el ruso Ivan Drago (Dolph Lundgren) dispuesto a mancillar el honor de EE UU.

Stallone contaba apenas 30 años cuando 'Rocky' le convirtió en el mayor ídolo italoamericano desde Sinatra. Atrás quedaban papeles como el matón del metro de 'Bananas', o su vergonzante participación en un filme semipornográfico rebautizado años más tarde 'The Italian Stallion' (El semental italiano). Su gran jugada fue aceptar una suma ridícula como pago del guion a cambio de un porcentaje sobre los beneficios en taquilla y –lo más importante– el papel protagonista.

Sylvester Stallone y Dolph Lundgren en 'Rocky IV'.
Sylvester Stallone y Dolph Lundgren en 'Rocky IV'.

Si sales a correr y en tu 'playlist' figura 'Eye of the Tiger', el tema de Survivor que Stallone encargó para 'Rocky III', o –como este periodista– has ascendido las escaleras del Museo de Arte de Filadelfia con los brazos en alto mientras suena en tu mente el épico 'Gonna Fly Now' de Bill Conti no hay duda: Rocky te marcó para siempre.

2.

Política

Rocky es una figura eminentemente política, aunque nos caiga más simpatico que el otro personaje esencial de Stallone, John Rambo, nacido en la América de Reagan. Chico listo –aunque nadie lo diría por un rostro desfigurado por los fórceps en el parto–, el joven Stallone intuyó tras el escándalo Watergate y la caída de Nixon que los americanos necesitaban recobrar su autoestima. Y abrazaron la historia de superación de un 'underdog' que no parece tener muchas luces, pero que a base de constancia y tesón aguanta a su rival todos los asaltos hasta perder. Sí, Rocky perdía y ahí residía su grandeza.

'Rocky IV'.
'Rocky IV'.

Por su parte, Johnny Rambo sigue ganando guerras perdidas. En otoño llegará la quinta entrega, con su protagonista enfrentado a un cártel de la droga mejicano y con presencia española: Paz Vega, Sergio Peris-Mencheta y Óscar Jaenada. En cuanto al Potro Italiano, en 'Creed II' adopta un aura casi mística, purgando culpas del pasado y de la herencia familiar. Se convierte así en el mentor de Adonis Creed, el hijo del fallecido Apolo, representante de una minoría sometida como la afroamericana. La familia es ahora lo más importante, concluyen película y creador.

3.

Resurrección

F. Scott Fitzgerald sancionó que no hay segundos actos en las vidas americanas. Sylvester Stallone, hijo de un peluquero y una trapecista de circo, al que sus compañeros de instituto eligieron como «el alumno con más probabilidades de acabar en la silla eléctrica», desdice esa máxima gracias a las varias resurrecciones que ha protagonizado a lo largo de su carrera. El hombre que estuvo a punto de convencer a Stanley Kubrick para que dirigiera un guión suyo sobre Edgar Allan Poe también ha recibido el Razzie al peor actor; el coleccionista de piezas de Rodin y Boudelle es también un empresario fracasado de la cadena Planet Hollywood.

Sylvester Stallone y Burgess Meredith en el primer 'Rrocky'.
Sylvester Stallone y Burgess Meredith en el primer 'Rrocky'.

A sus 72 años, la estrella que comenzó limpiando jaulas de leones ya no está para propinar mamporros en el ring. Rocky ha resucitado una y otra vez a lo largo de cuarenta años como buen icono del folclore popular. La leyenda dice que Sly escribió el guion en tres días y tres noches febriles, tras ver cómo un púgil de medio pelo le aguantaba todo un combate a Muhammad Ali. Vendió la historia a United Artists, que veía como estrella a Ryan O'Neal o Burt Reynolds. Emperrarse en protagonizarla ya demuestra lo cerca que estaban persona y personaje. Tras ganar el Oscar a la mejor película, Stallone conoció a Muhammad Ali, con quien aparecería presentado un Oscar al año siguiente. De él aprendió una máxima: «Os van a noquear diez veces, más de las que podáis levantaros. Pero si os levantáis por lo menos una vez, eso es lo que os hará una persona maravillosa: tomar el dolor, aprender de él y ganar por él».

4.

Boxeo

El triunfo en los Goya de 'Campeones' quizá demuestra que el público tiene hambre de películas deportivas. Y en ese subgénero, las de boxeo resucitan cíclicamente. 'Marcado el odio' (1956), con Paul Newman, marcó la pauta del cine pugilístico. Sin la cinta de Robert Wise no serían igual 'Rocky', 'Toro salvaje' ni todas las que han venido después. Hollywood ya había capturado la épica y sordidez del deporte en algunos títulos memorables –'Cuerpo y alma', 'El ídolo de barro', 'Más dura será la caída'–, pero Newman se empeñó en reproducir los combates de una manera veraz, aunque más de una vez acabara con la ceja partida. El propio Rocky Graziano, cuya historia se contaba en el filme, asesoró al actor y le enseñó sus golpes en el ring.

'Rocky II'.
'Rocky II'.

Que Rocky sigue siendo un ídolo en los gimnasios de extrarradio lo demuestran los espectadores con chándal que acuden puntualmente a cada nueva entrega. Stallone, que admite haber consumido en cantidades industriales HGH (estimulante de la hormona de crecimiento) y testosterona, es venerado por los fanáticos de las mancuernas. Su aura macarra no le ha abandonado a pesar de ser abuelo y sus películas de Rocky Balboa son promesas de entrenamientos y combates brillantemente coreografiados y filmados: la cámara Phantom, que captura 1.000 fotogramas por segundo, ralentiza las pelea de 'Creed II' logrando escenas bellísimas.