Anacleto, el atleta tranquilo

PABLO GARCIA MANCHA
Anacleto, el atleta tranquilo

Anacleto Jiménez (Logroño, 1967) continúa siendo el mismo hombre tranquilo ahora, instalado en un despacho técnico de la Real Federación Española de Atletismo en Madrid, que cuando exprimía su cuerpo en las carreras de medio fondo en las que obtuvo las medallas de oro y plata que logró en competiciones tan exigentes como la Universiada, el Campeonato del Mundo o el de Europa: «Ser atleta ha sido un privilegio y representar a España en competiciones internacionales mucho más todavía. Ahora, con la distancia, valoro enormemente toda aquella etapa de mi vida, y a pesar de las lesiones y de alguna que otra decepción, si tuviera que colocar en una balanza imaginaria lo bueno y lo malo, la verdad es que no hay color, los recuerdos satisfactorios y las buenas sensaciones que he vivido ganan por goleada».

Y es que Anacleto Jiménez -que reside en Madrid desde hace más de 20 años- tiene un palmarés envidiable que alcanzó su cénit con la medalla de oro europea de 3.000 metros en pista cubierta lograda en Estocolmo en 1996: «Es cierto que tuvo mucha repercusión mediática aquel triunfo, pero yo le doy tanta importancia como el subcampeonato mundial del año anterior en Barcelona, primero porque llevaba desde 1992 sin conseguir ningún metal y me dio una moral enorme, y también porque era un competición mundial, y quedar segundo significó muchísimo para mí». De todas formas, uno de los triunfos cruciales para el devenir como profesional del atletismo de este mediofondista riojano fue la medalla de oro que consiguió en la Universiada de Zagreb en 1987: «Fue la primera medalla del atletismo español en esta competición; la conseguí en los 5.000 metros y me dio un gran impulso para dedicarme profesionalmente al deporte, me abrió muchas puertas, ésa es la verdad».

Anacleto abandonó el tartán en 2001 y desde entonces trabaja en diversos apartados técnicos de la Federación de Atletismo en Madrid. «Es un lujo estar ligado al deporte, que es mi vida, y poder seguir muy de cerca todo lo que pasa dentro del atletismo; yo me encargo de preparar competiciones, llevar las inscripciones y todo el registro de marcas». Anacleto se licenció con una diplomatura en Estadística y aunque asegura que su trabajo no le da muchas opciones de desarrollar lo aprendido en la carrera, «estudiar me ofreció la posibilidad de tener una formación y una amplitud de miras muy importante». Y es que desde muy pequeño se dedicó al mundo de la competición por simpatía con su hermana: «Ella era atleta y de alguna manera al verla viajar y competir me fue entrando el gusanillo. Luego me dieron una beca y todo fue muy rodado, casi sin darme cuenta estaba participando profesionalmente en carreras, y poco a poco, quemando etapas, me vi en Madrid con 18 años».

Anacleto corrió el 1.500, los 3.000 y el 5.000: «Me sentía bien en cualquiera de las tres distancias, aunque yo era más fuerte en el 3.000 por mi punta de velocidad y sobre todo en las carreras muy tácticas, en las que había que pensar en la colocación y el momento de atacar».