Las alucinaciones, entre la soledad, la enfermedad y los efectos de las drogas

PILAR R. VEIGAMADRID.

Aunque ahora se hable menos de ellas que en la antigüedad, las alucinaciones continúan siendo un fenómeno psicopatológico frecuente, que también se puede experimentar al tomar drogas o aparecer en personas sanas como método compensatorio de la soledad sensorial, sentimental o espiritual.

«Muchas personas que tienen alucinaciones se callan por vergüenza o miedo a ser tomados como locos o posesos», ha dicho el catedrático emérito de Psiquiatría de la Universidad Complutense de Madrid Francisco Alonso Fernández, quien ha reconocido que es imposible cuantificar el número de personas que tienen alucinaciones en España.

Alonso sostiene que, frente a la definición de «percepción sin objeto», la alucinación es «una proyección exterior de un objeto psíquico sensorializado». Es decir, cuando una persona afirma que ve un elefante, en realidad sí lo está viendo, «es algo que nace en su cabeza, lo proyecta y termina viéndolo». Sin embargo, el psiquiatra José Miguel López Ibor, que se muestra más de acuerdo con la definición clásica de alucinación como «percepción sin objeto», ha explicado que las que sienten las personas sanas en momentos de soledad se denominan 'no verdaderas o pseudoalucinaciones'. Las alucinaciones también aparecen entre los que sienten «soledad espiritual» y aquellos místicos que buscan el contacto con Dios.

Las alucinaciones se producen también con un consumo excesivo de alcohol al llegar a la última fase del síndrome de abstinencia, el 'delirium tremens', ha explicado López Ibor. Por su parte, el experto en Farmacología, Norberto Aguirre, ha comentado que las personas que toman drogas alucinógenas «lo hacen precisamente con el fin de alucinar, que es distorsionar la percepción de la realidad». Aguirre advierte de que el consumo de alucinógenos puede conducir a un trastorno esquizoide, que produce un daño permanente.