SE TRATA DE LA LIBERTAD

PABLO GARCÍA-MANCHAMIRA POR DÓNDE

Mañana en Barcelona, en su, usted y yo nos jugamos mucho. Es posible que no le gusten los toros y que incluso le parezcan un espectáculo deleznable, anticuado y salvaje. Perfecto, no seré yo quien intente convencerle de lo contrario a no ser que me invite a comer para que le explique mis motivos; a comer y a beber, claro, porque razonamientos y réplicas requieren de decoro gastronómico y su merecido riego vinícola (puede que le pida hasta un habano). Pero más allá de mesas y manteles, lo que está en juego en Cataluña es algo mucho más importante que la pervivencia de las corridas de toros, se trata de la libertad ¡oiga!, de algo tan sustancial a la Democracia y a la convivencia como es el respeto a las minorías, a los que piensan diferente, a los que son como quieren ser y no cómo les dicen cómo hay que ser. Recuerdo el día en el que reapareció José Tomás en Barcelona. Vino una chica y me llamó asesino ; me llamó español y me escupió en el suelo. Mentiría si les dijera que no le contesté. Vaya que si lo hice, pero me quedé asombrado con la pretendida elegancia de unos que desataron sobre todos los que fuimos al coso una violencia verbal y simbólica sencillamente inaguantable. Y yo era el fascista. Cada día me parece más insoportable la pretensión de hacer un mundo aparentemente razonable sobre el que dormir a pierna suelta olvidando a cada momento que la realidad no se asienta en eslóganes posmodernos y en millonarias campañas para borrar todo lo que nos estorba. La libertad reside precisamente en lo contrario; en escuchar al otro, no en pisotearlo porque pensemos que somos moral e intelectualmente superiores.