Artistas sin fronteras

Los pintores riojanos Corres y López Garrido ensayan en Pekín el proyecto de residencia internacional de Judith Arteaga. «Que por qué lo hago, por amor al arte -afirma Arteaga-. Muchos artistas no tienen las mismas oportunidades por haber nacido aquí. Hay que canalizar todo ese talento»

J. SAINZ |LOGROÑO.
Artistas sin fronteras

«El artista no puede cambiar el mundo, pero lo intenta». Hace un año el artista chino Gao Xingjian, Premio Nobel de Literatura, expuso en el Museo Würth La Rioja una impresionante colección de pinturas de tinta. Era la primera manifestación en este pequeño rincón de Europa del emergente arte contemporáneo del gigante asiático. Y, sin embargo, no era realmente representativa al tratarse de un autor prohibido en la República Popular y exiliado en Francia desde hace veinte años. De lo que sí está ocurriendo en Pekín actualmente ha sido mejor embajador Shen Jindong, una de las nuevas figuras del arte chino, que este verano participó en el simposium internacional Torrefactum en Torrecilla en Cameros. Ahora dos pintores riojanos, Carlos Corres y Carlos López Garrido, han viajado a la capital china para convivir allí durante dos meses, trabajar, exponer y darse a conocer en una ciudad en plena ebullición. Ha supuesto el primer paso del proyecto de residen-

cia de artistas de la también riojana Judith Arteaga, una galerista con una nueva concepción de su trabajo y una fe inquebrantable en el arte. Arte sin fronteras. Arte por el arte.

«El artista no puede cambiar el mundo, pero lo intenta». Judith Arteaga parece haber hecho suya aquella frase de Gao Xingjian y parece también dispuesta a demostrar que «otro arte es posible»... O a arruinarse en el intento. «Que por qué lo hago, por eso, por amor al arte -responde como quien tiene que explicar una obviedad-. Creo que tenemos mucho que aprender, pero también mucho que enseñar. Muchos artistas muy buenos y con una calidad enorme quizás no tienen las mismas oportunidades por haber nacido aquí, en La Rioja. Se necesita apostar por ellos. Hay que canalizar todo ese talento».

No son sólo palabras bonitas. Arteaga no es una ilusa. Como todos, ha de la crisis económica y sabe bien cuánto está afectando al sector. Muchas galerías españolas, algunas muy veteranas, no han podido soportar la coyuntura y han tenido que cerrar; y no es exagerado decir que todas las demás, mucho o poco, están resultando afectadas por el escaso movimiento en el mercado de arte a consecuencia de la situación general. «Hay que reinventarse -asegura ella con convencimiento-. La crisis ha puesto el concepto de galería de arte en una encrucijada. Por el contrario, el concepto de residencias es novedoso y atractivo para los artistas porque ellos son los primeros en saber lo importante que es moverse por las capitales culturales y codearse con otros artistas».

Tampoco es una soñadora sin conocimiento de causa. Pese a su juventud, esta licenciada en Humanidades ha cursado numerosos masters, lleva años trabajando en la asesoría logroñesa Passionartlife y ha visitado ferias de arte de medio mundo. Parece conocer bien el terreno que pisa.

Fue precisamente un viaje de trabajo el que le llevó a Pekín, centro del desarrollo económico chino y una de las capitales culturalmente más dinámicas e interesantes del momento. Allí vivió una de esas experiencias que te cambian la vida, al tener contacto con una auténtica 'ciudad de artistas' o una especie de enorme 'fábrica de arte'.

El distrito de arte 798

El Distrito 798 se encuentra en el área de Dashanzi, Distrito Chaoyang, al nordeste de Pekín. En esta extensa área destinada antiguamente a las industrias electrónicas estatales los edificios eran la clave para el proyecto de modernización industrial de la China comunista diseñado por Alemania del Este y puesto en marcha con la ayuda de la Unión Soviética. Cuando las fábricas quedaron desfasadas la zona casi fue deshabitada. Desde el 2002, estudios de artistas empezaron a aparecer inesperadamente en el distrito. La mayoría de las propiedades son alquiladas y una nueva vida y luz ha surgido en lo que fueron naves varadas. Gradualmente fueron formando una combinación de galerías, centros de artes, estudios, empresas de diseño, tiendas de moda y bares. En relativamente poco tiempo el 798 se ha convertido en el área de artes más grande de China y ha conseguido un gran reconocimiento internacional.

Los artistas, cientos de ellos, viven, trabajan y exponen allí. Y no sólo los chinos, también los europeos y americanos han comenzado a ser atraídos por la ciudad de moda. Judith Artega lo vio claro: «Vi la posibilidad de crear una residencia donde pudiesen ir a trabajar artistas riojanos».

Aquella idea fraguó en proyecto y aquel proyecto comenzó a tomar forma con el apoyo logístico del artista vasco Judas Arrieta, casado con una pekinesa y con un dominio perfecto del idioma, cuestión importante. «Él ha facilitado el trato con los dueños de los locales que, mediante contratos con el Gobierno, construyen espacios que alquilan totalmente vacíos». Así consiguió una especie de 'jaula' y la acondicionó para albergar la primera sede de su residencia internacional de artistas. Increíble: el 798 ya tenía su rinconcito riojano.

Ya sólo restaba buscar un par de conejillos de indias para empezar; aunque quizás eso fue lo más fácil. Judith había entrado en contacto con Carlos Corres y Carlos López Garrido en Torrefactum 2008, otra especie de utopía destinada a imaginar la república independiente del arte, en este caso en un pueblo camerano, Torrecilla. En la siguiente edición, este año, participó en el simposio internacional el artista chino Shen Jingdong y con él el triángulo se cerró. Ellos corresponderían a su visita y él les serviría de cicerone en Pekín.

Allí, becados por la galerista con su propio dinero, Corres y López Garrido, dos de los pintores jóvenes mejor valorados en La Rioja, han terminado de materializar el proyecto. Han vivido casi dos meses en ese ambiente único, conociendo a una nueva generación de artistas chinos dispuesta a hacer su propia ; han trabajado en condiciones plenamente favorables a su noble oficio; y han expuesto en espacios inmensos por los que pasan treinta mil visitantes ante sus obras. Han crecido.

El sueño hecho realidad. «El artista no puede cambiar el mundo, pero lo intenta». Gao parece ahora menos utópico.