Mansilla se seca

El impresionante descenso de las aguas en el embalse descubre en toda su magnitud las ruinas del viejo pueblo que quedó sumergido en 1960

PABLO JOSÉ PÉREZ| MANSILLA
Mansilla se seca

Los escasos vecinos de Mansilla de la Sierra, al igual que los de Villavelayo, Canales o Tabladas, no recordaban haber visto el pantano de Mansilla tan bajo desde hace bastantes años. Y es que la bajada del nivel ha sido tan acusada que ha dejado al aire todas las ruinas del viejo pueblo, que fue abandonado apresuradamente el domingo de Ramos de 1960, cuando el agua les llegaba a los tobillos a los vecinos.

Al aparecer el pueblo han surgido también los viejos recuerdos, casi imágenes de la infancia, sobre las casas propias o de otros vecinos, sobre la majestuosa iglesia que el agua y el tiempo no han podido derribar o sobre los puentes que antaño servían para cruzar el Najerilla o el Gatón. También los restos del primer quiosco de la música, hecho con piedra, que hubo en esta parte de la sierra.

Uno de esos escasos habitantes con raíces en la villa pero que nació «en el norte» porque su padre abandonó Mansilla, merodeaba ayer por el lugar. «Ya hace muchos años que el pantano no se quedaba así con la punta de la cola al lado de las casas», afirmó ayer poco antes de relatar que su padre le contaba «cómo era su pueblo, las huertas que tenía y las casas tan grandes que había, muchas de ellas de sillería».

«Algunos se han atrevido a bajar y han paseado entre las ruinas y lo que más les llama la atención es cómo se han conservado las maderas de las vigas, después de cuarenta y nueve años sumergidas», añadió con asombro.

El visitante rememoró también que hace unos años pasó algo similar y llegó la televisión. La atracción que provocó fue tal que el siguiente fin de semana acudió tanta gente a verlo que no se podía aparcar en ningún sitio.

No es extraño que ocurra algo así porque el paisaje es espectacular. Escaleras de piedra que bajan hasta la mitad de la ladera porque la otra mitad tenía que estar llena de agua, viejos edificios que se yerguen en un barranco cercano y que debieron pertenecer a una explotación de piedra y, sobre todo, la vieja trama urbana de Mansilla, donde se conservan numerosas fachadas, las vallas que delimitaban los corrales y las huertas o la propia iglesia.

«Jabalíes no se ven, porque se mueven más por la noche, pero corzos sí porque bajan a beber por los barrancos que están secos», detalló el solitario visitante que se acercó ayer hasta el viejo poblado. Sin embargo, en la zona más baja del antiguo Canales, en el área más embarrada por la retirada del agua, si se aprecia la tierra removida por los revolcones de los jabalíes.

Un trabajador de una obra, de otra localidad distante, se mostraba extrañado por el descenso del nivel. «No lo entiendo -afirmó- porque este año ha llovido bastante y los ríos siguen descargando en el pantano. Suelo pasar por aquí con frecuencia y jamás lo había visto tan vacío como ahora».

A más de trescientos metros del agua, varada sobre una ladera, descansa la 'piscina', un artilugio flotante sobre el que se han colocado toboganes y escaleras para el divertimento de los chavales. Sus anclajes son unas larguísimas maromas que suben por las fachadas y se enredan en la copa de un árbol que un día debió estar lleno de follaje y que ahora parece un fósil pétreo en el patio de una de las casas abandonadas.