La Laurel pierde la 'Simpatía'

Uno de los históricos bares de la calle Laurel, famoso por sus 'cojonudos', baja la persiana tras 40 años como punto de encuentro de logroñeses y visitantes

J. C.LOGROÑO
Fernando y Teresa, poco después de hacerse cargo del bar Simpatía./
Fernando y Teresa, poco después de hacerse cargo del bar Simpatía.

Teresa se jubila y Javier y Miriam no quieren seguir con el negocio. La calle Laurel pierde uno de sus bares históricos y, por qué no decirlo, unos hosteleros que hacían honor a su nombre. La 'Simpatía' apaga sus fogones y cierra sus puertas tras casi 40 años como punto de encuentro de logroñeses y visitantes.

Abierto al público desde 1970, no pocas cuadrillas se iniciaron en el 'chiquiteo' y en el 'fumeque' en dicho local y ahora, algunos de sus miembros, no han podido evitar soltar una lagrimita. Así lo cuenta Teresa, 'alma máter' del negocio junto a Fernando y verdadera artífice del pincho que hizo popular un establecimiento con claro sabor familiar.

Ya nada será igual en el número 21 de la calle Laurel. Y quién sabe si volverá a ser como antes la esquina con la calle Albornoz... Como bien dice el cronista 'oficioso' de Logroño y colaborador de Diario LA RIOJA, Eduardo Gómez, no todo son inauguraciones en la zona de tapeo por antonomasia: «El bar se hizo popular por una tapa a la que tituló con el sonoro nombre de 'cojonudos' y que consistía en un huevo frito de codorniz, chorizo y picante sobre una rodaja de pan... Además, tenía una barra con unas freidoras de donde salían calamares. Llamaban también la atención sus caracoles a la riojana».

Antes de los 'cojonudos' y los calamares, especialidades de la casa, destacaron otros guisos y tapas de cocina riojana. Recuerda Eduardo Gómez los orígenes del local, que antes había sido almacén de plátanos de Viguera. «Un miembro de la peña La Simpatía al que le había correspondido un fuerte pellizco en la Lotería situó allí el domicilio social de la peña y a los pocos años se estableció en la localidad santanderina de Laredo. Del Simpatía se hicieron cargo Fernando y Teresa y con el tiempo, cuando sus hijos Miriam y Javi se hicieron mayores, pasaron a ocupar el mostrador con la madre en la cocina, haciéndolo muy bien, ambos atendiendo con gran simpatía al personal y Javi aportando una buena dosis de humor con sus dibujos a la vista, haciéndose pronto como gran profesional», tira de memoria Eduardo.

A buen seguro, concluye, les echarán de menos los 'cuartilleros' de la calle Laurel. A no ser que alguien, cosa poco probable, coja el testigo...

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos