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«Logroño fue providencial para mí: allí me encontré con mi oficio»

CELSO BUGALLO

«Logroño fue providencial para mí: allí me encontré con mi oficio»

El veterano actor gallego ganador de un Goya se inició en tierras riojanas en el mundo de la interpretación

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Tras una dilatada carrera como actor, director y profesor de teatro, Celso Bugallo (Vilalonga, Sanxenxo, 1947) fue descubierto para el cine en Los lunes al sol (2002) y la oscarizada Mar adentro (2004), que le valió el Goya al mejor actor de reparto. Lo que muchos no saben es que el intérprete pontevedrés se inició en el mundo de la actuación en Logroño, donde vivió seis años durante su juventud y fue miembro de los grupos independientes Lope de Rueda y Adefesio Teatro Estudio, además de fundar y dirigir el JUBY (Juventud Unida del Barrio de Yagüe), donde residía. Coincidiendo con el estreno de su última película –Agallas–, Bugallo recuerda en esta entrevista aquella época “providencial” que le permitió “encontrarse” con el oficio que ama y ejerce desde hace décadas.
Antes de vivir en Logroño pasó una temporada en Bilbao, a donde llegó con unos diez años…
Mi padre era mecánico ajustador y entró a trabajar en una central lechera en Bilbao que se llamaba Ona y luego Lactaria Española. Eran los años 60 y vivíamos en Basurto. Con 16 años vi Rebelde sin causa, de James Dean, y cambió mi vida: mi forma de vestir, mi forma de andar, mi forma de peinarme, todo... Empecé a hacer pesas, a tener bíceps, me ponía la camiseta, los vaqueros... La fui a ver una vez, dos, tres… James Dean era realmente mi émulo. Creo que ahí nací como actor, inconscientemente.
¿Cuándo y cómo llegó a Logroño?
La lactaria en la que trabajaba mi padre abrió una sucursal en Logroño y él se encargó de la instalación de toda la maquinaria. Como a mi madre no le iba muy bien el clima de Bilbao, pidieron el traslado a Logroño y mi padre quedó como director general de la nueva empresa. Así que cuando acabé el servicio militar, me fui a vivir a Logroño con mis padres. Era hacia 1972 y yo tenía 23 años. Vivíamos en el barrio de Yagüe. Mi padre me consiguió un trabajo en su factoría, en el laboratorio, como analista de la leche que se vendía. Incluso hice un pequeño curso en Deusto.
Su primera experiencia teatral fue en el grupo Lope de Rueda…
Me habló de él una amiga del barrio –Maite– que estaba vinculada al grupo. Estaba dirigido por Amparo Ross, que era una mujer extraordinaria, una riojana como la copa de un pino y una entusiasta del teatro, y me fui allí de mirón. Amparo me animó a formar parte del grupo y me asignó un pequeño papel en la obra que estaban preparando. La segunda obra que hice con Amparo se titulaba Hombres Inó, una pieza del género del absurdo. Recuerdo que me asignó el papel protagonista de la obra.
Unos meses después conoció a Ricardo Romanos y se unió a su Adefesio Teatro Estudio…
Ricardo venía del teatro de Madrid, pero estaba un poco cansado de ese mundo, porque era muy tendencioso, había muchos problemas, envidias y cosas así. Y decidió fundar en Logroño Adefesio Teatro Estudio, un grupo independiente que ya tenía un nivel. Una de las primeras obras que montamos fue una pieza basada en textos de Quevedo que se llamaba Ello dirá, y si no, lo diré yo. En principio quisimos montar el Adefesio de Rafael Alberti, que por ahí vino el nombre del grupo, pero tuvimos muchos problemas con la censura y la policía incluso llegó a subirse al escenario para impedir la representación. Éramos un grupo muy rebelde, muy comprometido desde el punto de vista social. A Ricardo llegaron a amenazarlo de muerte y a mí también. Recuerdo que cogió el teléfono mi madre porque yo no estaba en casa.
En Adefesio Teatro descubrió un mundo nuevo…
Ricardo a mí me quería muchísimo por la forma que yo tenía de actuar e incluso me animaba a que me fuera a Nueva York. Un día me entregó un libro y me dijo: “Léete esto”. Era Un actor se prepara, de Constantin Stanislavski. Yo entonces no lo conocía. Me leí el libro durante ocho meses. Era una edición mejicana del año setenta y tantos. Esos fueron mis principios en el arte de la actuación. Para mí fue una experiencia muy interesante desde el punto de vista artístico, aunque entonces yo no lo veía como tal.
Por esa época fundó su propio grupo en el barrio de Yagüe…
En Adefesio tuve un pequeño problema y me separé un tiempo. Entonces fundé en Yagüe el grupo de teatro JUBY, que significaba Juventud Unida del Barrio de Yagüe. En 1976 ganamos el Premio Nacional de Comedias de Teatro con El retablo del flautista, de Jordi Teixidó, y actuamos en el Corral de Comedias de Almagro. La obra tenía nueve canciones que compuse yo. Todavía compongo, porque me gusta cantar y tocar la guitarra, y porque me favorece mucho para la voz. Cuando cogimos el autobús que nos llevó a Almagro, se unió todo el barrio para despedirnos, con pancartas y todo, porque para ellos era un acontecimiento muy importante. Para llegar al corral de comedias tuvimos que pasar la fase de Logroño, la fase provincial, ganarle a Zaragoza, la fase nacional... Y se superó todo. Claro, estaban asombrados. En Almagro coincidimos con otros seis grupos nacionales y para los chavales fue una fiesta.
Volvió a Adefesio y pensó que el teatro podía ser su profesión…
Sí, allí me di cuenta. Tenía muy buenos resultados con el trabajo. Yo mismo me sorprendía, porque no había hecho ningún curso de interpretación. Y empecé a querer mucho esta profesión. Y entonces fue cuando empecé a estudiar realmente todo este mundo, de un modo autodidacta. Entonces no se daban cursos de formación. El grupo me llevó a una comprensión de la profesión muy intensa, sobre todo por Ricardo Romanos, porque yo realmente no tenía ni idea. Para mí fue un periodo providencial. Todo fue providencial: que mis padres se fueran a vivir a Bilbao y después a Logroño, que en Logroño yo contactara con un grupo teatral, que conociera todo ese mundo… Ahí despegué y me encontré con el oficio que actualmente tengo. Si no hubiera ido allí, no hubiera ocurrido.
Su hija nació en Pontevedra, pero pasó los dos primeros años de su vida en Logroño. Y sus padres y tres de sus cuatro hermanos se quedaron aquí…
Están casados con logroñeses y tienen hijos logroñeses. Tengo seis sobrinos riojanos. Y a mí me gusta ir a Logroño, aunque no voy muy a menudo.
¿Ha vuelto alguna vez para hacer teatro?
No, nunca, pero qué bonito es el Teatro Bretón. La última vez que estuve allí, viendo una obra de Juan Echanove, me pareció fenomenal. Qué maquinaria tan extraordinaria tiene… Aquel día también vi a Ricardo.
“Lo único que me preocupa de ‘Agallas’ es que mi personaje vuelve a morir”
La última película de Celso Bugallo, Agallas, se estrena en los cines españoles el viernes 4 de septiembre. El filme es la ópera prima de Samuel Martín Mateos y Andrés Luque Pérez, dos veteranos realizadores de TVE con más de 25 años de trayectoria profesional. El actor gallego comparte cartel con Carmelo Gómez y Hugo Silva, popular por la seria de TV Los hombres de Paco.
¿Cómo fue la experiencia de trabajar con dos directores a la vez y además noveles?
Trabajar con dos directores es como si trabajaras con uno: se entienden perfectamente, saben lo que quieren, aunque contigo sólo se relaciona uno, el que dirige a los actores. Y el que sea su primera película no me preocupa demasiado. Cuando alguien hace su ópera prima, te encuentras con un ser que tiene tanto entusiasmo, tanto amor por su trabajo, que es estupendo trabajar con él.
Después de hacer su primer protagonista en Cenizas del cielo (2008), vuelve a tener un papel de reparto…
Se adapta muy bien a mis características de interpretación, lo que me ahorra mucho trabajo, aunque intento buscarle alguna cosa más. El papel me gusta; lo único que me preocupa un poco es que muere el personaje. Me estoy muriendo en todas las películas. Está bien aprender a morir, pero no tantas veces.
Con La lengua de las mariposas debutó en el cine y con Mar adentro conquistó el Goya, pero usted tiene un cariño especial por Los lunes al sol…
Fue una película que se movió mucho: se vio en Los Ángeles, en Australia, en casi toda Europa… Y hay un reconocimiento al trabajo de ciertos actores, y eso fue muy beneficioso para mí también. Con todo, en este país es muy difícil entrar en alguna producción.
¿Ha hecho teatro últimamente?
El año pasado estuve en el Centro Dramático Nacional con la obra Mujeres soñaron caballos, dirigida por Daniel Veronese, y llenamos todos los días el Teatro Valle Inclán de Madrid
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«Logroño fue providencial para mí: allí me encontré con mi oficio»
El actor Celso Bugallo está en los cines con 'Agallas'. /F.CABALLERO
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