La historia se esconde entre ruinas

Las siete edificaciones en riesgo según Hispania Nostra albergan un pasado, en algunos casos, milenario

V. S.LOGROÑO

Ahora puede que sean sólo piedras. Es más, incluso pueden haberse convertido en chozos de pastores, refugio de rebaños, campos de práctica de tiro o lugar para el vandalismo. Pero, ¿qué historia esconden las piedras, algunas casi milenarias, de estas estampas del olvido?

PALACIO DE INESTRILLAS

Aguilar del Río Alhama

Ventanas que se cierran

El rastro de las palabras es alargado. Inestrillas, antigua Finestrillas o Fenestrellas, es una prueba de ello. El nombre parece derivar de 'fenestra', ventana, y se debe a la cantidad de estos ventanucos que se abrían en la pared que da forma al pueblo. Además de restos celtíberos y altomedievales, destaca la construcción del 'Palacio' de Inestrillas, del siglo XVIII. Su fachada cierra una caída vertical de la roca y aprovecha el espacio horadado a la pared para formar las habitaciones. Su estado hace prever que las ventanas se cierren pronto y para siempre.

ERMITA DE YERGA

Autol

Una granja-ermita

Siete siglos de historia románica se borraron en pocos años tras la desamortización de Mendizábal. La ermita de Yerga, nacida de una granja que el monasterio cisterciense de Fitero mantenía en el monte para aprovecharse de sus pastos, sufrió un rápido deterioro que ha dejado apenas su esqueleto de arcos ligeramente apuntados y paredes comidas por la hierba. El sugerente escenario es aprovechado para representar anualmente el Miserere de la Montaña, de Gustavo Adolfo Bécquer, quien, presumiblemente, lo escribió bajo su sombra.

ERMITA DE ORZALES

San Vicente de la Sonsierra

En manos del francés

El general Verdier, curtido en décadas de campañas napoleónicas por Europa y Asia Menor, es recordado en La Rioja por apagar con el plomo de los cañones la insurrección del 30 de mayo de 1808 en Logroño contra el ejército invasor francés. Sin embargo, ésta no fue su única acción en la región. En ese mismo año, y bajo el amparo de la guerra total («paz y capitulación», ofrecieron los galos; «guerra a cuchillo», respondieron los españoles), el general destruyó la villa de Orzales. Con su acción, también quedó abandonada la pequeña ermita de Orzales, un ejemplo de gótico flamígero cuyas actuales ruinas generan una romántica estampa, pero con gran riesgo de hundimiento.

ERMITA DE SAN MARTÍN

Leza de río Leza

Singular pero olvidada

A San Martín de Tours le iba a faltar capa para poder remendar los actuales defectos y agujeros que pueblan su ermita en Leza del Río Leza. De planta románica, probablemente del siglo XIII, se encuentra vacía, parcialmente destejada y con riesgo de caer por el peso de ocho siglos y bastantes décadas con escasísimos cuidados estructurales. Se trata de una construcción rural que ha sido recientemente estudiada por Carmen Herreros.

IGLESIA DE LA ASUNCIÓN

Santa María (San Román de Cameros)

Aislada en la sierra

De aspecto imponente en el corazón del Camero Viejo, la iglesia de la Asunción de Santa María de Cameros sólo puede ofrecer su estampa, maleza, nidos de pájaro y unas curiosas pinturas en su interior. De acceso relativamente sencillo desde San Román, la iglesia, probablemente construida en el siglo XVI, presenta también unas curiosas crucerías en su techo. Corre riesgo de no aguantar muchos inviernos más.

IGLESIA DEL DULCE NOMBRE

Torremuña

Fortaleza en ruinas

Con un pasado extensísimo, fue una de las iglesias que los obispos de Calahorra adquirieron a Santa María la Real de Nájera tras numerosos pleitos en el siglo XII, la Iglesia del Dulce Nombre de María o Santa María la Blanca presenta un aspecto de fortaleza inexpugnable. Sin embargo, su deterioro es evidente en su aspecto externo. También queda poco en su interior, tras varios expolios, por lo que sus obras pasaron a la Diócesis.

MONASTERIO DE SAN PRUDENCIO

Clavijo

Esplendor entre hierba

La historia monástica riojana no puede olvidar el Monasterio de San Prudencio en el Monte Laturce. Con más de un milenio de historia, también la desamortización de Mendizábal (1835) acabó con su historia. El expolio se ha cebado con él y apenas quedan pinceladas del magnífico conjunto que fue.

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