El Gaudí japonés

Etsuro Sotoo, que lleva 30 años esculpiendo la Sagrada Familia, asegura que el artista catalán es «el arquitecto del futuro de la humanidad»

CRISTIAN REINO| COLPISA BARCELONA
El artista nipón (d) observa una de las piedras del templo. /COLPISA/
El artista nipón (d) observa una de las piedras del templo. /COLPISA

El escultor japonés Etsuro Sotoo lleva 31 años dedicado a decorar con imágenes la Sagrada Familia de Antoni Gaudí, en Barcelona. Sotoo, que nació en Fukuoka (Japón, 1953), es conocido en su país como el 'Gaudí japonés'. «Aunque físicamente no pueda tener contacto con él, creo que Gaudí existe», reflexiona. Y concreta: «Mi misión es sacar jugo de su trabajo». El artista nipón explica que sigue sus propios impulsos, pero «mirando hacia donde Gaudí miraba» y preguntándose «adónde quería llegar». «A Dios», contesta.

Su veneración hacia el arquitecto catalán empezó hace 31 años. «Tras acabar la carrera de Bellas Artes, en Kyoto, me puse a dar clases pero en seguida me aburrí de la docencia», señala. «Y de repente, añade, tuve un sentimiento interior: la piedra me llamaba. Cuando veía un edificio, sentía unas irremediables ganas de acariciarlo». Por eso, continúa, decidió tomarse un año sabático y «viajar a la zona del mundo donde hay más cultura de la piedra: Europa».

Sotoo explica que al principio no sabía muy bien a dónde ir, «pero como todo japonés de la época, tenía una cierta predilección por Alemania, porque como el Imperio nipón, también perdió la Segunda Guerra Mundial».

«Pero la reconstrucción de Alemania fue distinta a la de mi país. Mientras Japón levantó un estado nuevo que no tenía nada que ver con el anterior a la guerra, Alemania se reconstruyó como si no hubiera sufrido una guerra y aquello me atraía porque por fin podré tocar piedra de verdad».

Así que, relata, «me vine a Europa porque buscaba la piedra, no había nada místico, ni nada cultural, sólo las piedras». Sin embargo, antes de recalar en el que en principio era su destino, la vieja y castigada Alemania, visitó Barcelona y la Sagrada Familia y el impacto fue tan grande que se quedó hasta hoy.

Primer contacto

«Fue curioso, relata, porque la primera vez que visité el templo me di cuenta de que todos los turistas se quedaban prendados con las torres del monumento, en cambio a mí lo que más me atrajo fue una montaña de piedras que había para las obras». «Y pensé, añade, esto es lo que buscaba: piedras».

Quedó tan maravillado que hizo todo lo posible para entrar a trabajar en el templo. Tocó todas las puertas hasta que dio con el escultor Frederic Marès. «Me hicieron unas pruebas y suerte que yo no entendía nada, porque me cogieron como escultor, cuando lo que yo quería era ser picapedrero». Este hombre de aires místicos ha sido el autor de varios centenares de obras: ángeles, frutales, hojas, claustros, así como de la restauración de decenas de piezas.