La fatiga visual

Se trata de un síntoma muy frecuente que no se corresponde con una enfermedad o anomalía

RUBÉN PASCUAL PÉREZ-ALFARO LOGROÑO
La fatiga visual

Vamos a hablar de un síntoma muy frecuente que sin embargo no corresponde con una enfermedad o anomalía visual determinada. Es natural suponer que el ojo se fatiga cuando lo utilizamos durante mucho tiempo, y se usan coloquialmente términos como «forzar la vista» cuando estamos mucho rato leyendo, cosiendo o delante del ordenador. Entendemos que el esfuerzo mantenido es perjudicial para la salud de nuestra vista.

A largo plazo, también asumimos que nuestros ojos se desgastan por utilizarlos, y por ejemplo la vista cansada (presbicia) llega por el uso mantenido del aparato visual. Podemos pensar que si no hubiéramos utilizado nuestros preciados ojos en malas condiciones (poca iluminación, muchas horas seguidas), a partir de los 40 años no dependeríamos tanto de las gafas de cerca. Incluso podemos dar un paso más: no son pocos los pacientes mayores que atribuyen sus problemas orgánicos del ojo (degeneración macular, cataratas) a haber fatigado mucho su vista, a haber «abusado» de sus ojos en su juventud.

Pues la realidad es bien distinta. Lo que se conoce como fatiga visual es un síntoma, pero no es la causa de una enfermedad determinada. Más bien al contrario, debemos buscar una anomalía visual que justifique esas molestias. Un ojo completamente sano y sin problemas ópticos raramente se fatigará aunque lo «forcemos». Entonces, ¿no es natural y esperable que el ojo se canse si lo estamos utilizamos de forma intensa? Si estamos tres horas corriendo sin estar en forma notaremos las piernas muy cansadas, nos dolerán y al día siguiente tendremos agujetas. ¿Por qué no pasa lo mismo con los ojos? Debemos entender que hay órganos de nuestro cuerpo que se cansan por un esfuerzo mantenido (como el ejemplo de antes), pero a la mayoría no les ocurre eso. Por ejemplo, nuestro corazón está trabajando día y noche, y salvo que tengamos una enfermedad cardiaca, ni se fatiga ni tiene agujetas. Tampoco se fatigan el hígado o el riñón. Por otra parte, el ojo está trabajando siempre que estemos despiertos, de forma mantenida aunque no lo consideremos nosotros un «esfuerzo visual intensivo». El hecho de que estemos varias horas delante del ordenador en vez de paseando o descansando, cambia la distancia de enfoque, la frecuencia de parpadeo, pero el mecanismo «interior» del ojo funciona igual: las estructuras nobles como la retina, el cristalino o la córnea siguen haciendo su función. Para la mayor parte de los tejidos oculares no hay diferencia entre la «visión relajada» cuando descansamos y el «esfuerzo» cuando leemos.

Las causas de la vista cansadas son múltiples: un pequeño defecto de graduación sin corregir, algo de sequedad ocular. A esto se añade un efecto propio de la pantalla, que merece una explicación. Nuestros ojos están cómodos al enfocar luz indirecta o reflejada. Es decir, cuando miramos objetos que propiamente no emiten luz sino que están iluminados con una fuente de luz externa.

Sin embargo, no estamos cómodos centrando nuestros ojos en una fuente de luz directa. Mirar durante un rato una lámpara o foco encendido nos fatiga rápidamente. Un monitor de ordenador es una fuente directa de luz, y nos fatiga más leer desde el ordenador que desde el papel (en donde la luz sí es indirecta). De esto se da cuenta mucha gente, que prefiere imprimirse los textos del ordenador al papel en vez de leerlos directamente en la pantalla.

¿Qué hacer?

Hemos ido describiendo las causas más importantes por las que se nos fatigan los ojos. Pero hay que insistir en lo que dijimos al principio: no estamos perjudicando anatómicamente al ojo por «forzarlo», por realizar actividades que nos produzcan fatiga visual. No nos jugamos la salud de nuestros ojos: no va a aparecer una enfermedad más adelante como consecuencia de nuestros «abusos». ¿Eso significa que no debemos hacer nada? Al contrario, si uno padece estos síntomas conviene tomar una serie de medidas para evitarlos, y de esa forma estar más cómodo y no verse obligado a cesar esa actividad.

Como habitualmente se trata de esfuerzos a una distancia cercana (enfocamos una hoja de papel o una pantalla), es buena idea hacer pequeñas pausas cada hora o cada dos horas. Dejar «descansar» el ojo cinco minutos, enfocando de lejos, por ejemplo a través de una ventana. Así le damos un poco de juego al músculo del enfoque, para que no se mantenga tantas horas en la misma posición. También es buena idea «acordarse» de parpadear, obligarnos a hacer más parpadeos porque al concentrarnos en la lectura nos olvidamos. Si leemos sobre papel conviene cuidar un poco la iluminación: ni demasiada luz para no deslumbrarnos, ni demasiado poca para que no veamos las letras con dificultad. Si en cambio estamos utilizando el ordenador, colocaremos la pantalla a una distancia adecuada: demasiado cerca nos fatiga al estar tan próximos a una fuente de luz, pero demasiado lejos nos dificulta ver con claridad las letras.

Además conviene poner la pantalla un poco por debajo de la altura de los ojos; de esta forma los párpados no tienen que estar tan abiertos, y el ojo se seca menos.