El cielo bajó a Valvanera

673 personas completaron la marcha y otros mil se quedaron por el camino

JS |LOGROÑO
El cielo bajó a Valvanera

Frío, con temperaturas siempre en descenso, desde los nueve grados de la salida en Logroño hasta los dos en la llegada. Y, finalmente,nieve. El cielo parecía querer derramarse sobre los participantes. Y pese a todo, 673 personas completaron la marcha.

Otros mil se quedaron por el camino. Pero todos en su medida contribuyeron a hacer más grande aún esta iniciativa altruista que cada uno acomete con su propia motivación y, en conjunto, con el objetivo común de promover las hemodonaciones. La marcha más popular de La Rioja. Adonar (Asociación de Donantes de Sangre), entidad organizadora desde hace 32 años, se mostraba ayer plenamente satisfecha del resultado.

También cuentan los 300 miembros del dispositivo especial de seguridad que vela en todo momento por el buen desarrollo de la prueba:Guardia Civil, Policía Local de Logroño, Protección Civil, Cruz Roja, Ejército, Grupo Scout, así como los representantes de la propia organización. Sin olvidar a los voluntarios que dispensan el avituallamiento en cada localidad:vecinos de Logroño, Navarrete, Ventosa, Nájera, Tricio, Arenzana de Abajo, Baños de Río Tobía, Bobadilla y Anguiano. Y,por supuesto, los benedictinos del monasterio de Valvanera.

Entre todos convirtieron una noche con tintes dantescos en una velada memorable de la que pueden sentirse orgullosos. No fallaron las previsiones meteorológicas. La lluvia sólo respetó la salida, en la tarde del sábado, cuando más de 1.500 marchadores partieron desde Logroño con rumbo a Valvanera y la vista puesta en el cielo. Un centenar de inscritos optaron por no acudir a la cita.

No tardarían en confirmarse sus temores. Cuando la ya larga fila de caminantes cubría el tramo de Navarrete, descargó un fuerte aguacero. La ropa impermeable no fue suficiente en la mayoría de los casos y muchos, calados hasta las huesos y temiendo una noche sin tregua, optaron por retirarse o dar media vuelta. Otros lo dejarían en Tricio, siguiente parada.

Pero la tormenta sí aflojó y la marcha siguió adelante, ya con todas las consecuencias. Unos se mudaron la ropa, otros sólo los calcetines y los demás continuaron con lo puesto. A no pocos las ampollas ya les martirizaban los pies a pesar de las curas de los sanitarios. Reponiendo fuerzas en cada puesto (un refresco en Navarrete, una manzana en Tricio, yogur y zurracapote en Arenzana...) y con mucho tesón, comenzaron a remontar el valle del Najerilla.

La oscuridad se hizo casi total y algunos caminantes se ayudaban de linternas y frontales. Brazaletes y otros elementos reflectantes les daban la apariencia de una procesión de luciérnagas. La fatiga y la larga, casi interminable, recta hacia Baños daban pie a este tipo de alucinaciones.

Hacia las tres, todavía sin acostarse todo el vecindario, el desfile proseguía, silencioso, hacia Bobadilla. Una barrita energética, unos frutos secos, un control fantasma y unos fantasmas en el control daban energías y risas antes de volver a la realidad negra, negrísima, que debía conducirles a Anguiano. Y lo peor, volvía a llover intensamente.

Yya no paró. Pero cómo abandonar llegados hasta aquí, tan cerca del final. Aunque cerca y lejos, el tiempo, son conceptos que se deforman en la Valvanerada como la piel de los dedos de los pies.

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