George W. Obama (en la cocina)

Cristeta Comerford, la primera cocinera ejecutiva de la Casa Blanca de la historia, continuará con el presidente demócrata al mando de los fogones al convencer Laura Bush a Michelle Obama

PABLO G. MANCHA LOGROÑO
George W. Obama (en la cocina)

La tradición del cocinero presidencial en Estados Unidos se remonta a los primeros inquilinos de la Casa Blanca, e incluso antes de que este mítico edificio fuera la sede presidencial. De hecho, es famoso el caso de Hércules, que era esclavo de Washington y que se convirtió en su confidente y cocinero predilecto en Mount Vernon. Tanta fama alcanzó aquel primer chef presidencial que Gilbert Stuart le hizo un retrato que por esos vericuetos de la historia se expone ahora en Madrid en las galerías del Museo Thyssen-Bornemisza.

Pero una de las noticias más curiosas del traspaso de poderes entre George W. Bush y Barack Obama es que en la cocina de la Casa Blanca las cosas van a seguir igual y Cristeta Comerford, seleccionada con gran esmero por Laura Bush en 2006 y primera mujer de la historia con el cargo de chef ejecutivo de la Casa Blanca, seguirá al mando de los fogones más poderosos del globo.

Dicen que este continuismo en el cambio de administración tiene que ver con las artes de seducción de la primera dama saliente, que convenció a Michelle Obama sobre la calidad de Cristeta: «Elabora platos muy originales y además los adereza con un sabor muy americano». Y es que Laura Bush la ascendió a máxima responsable de la cocina presidencial hace tres años, cuando sustituyó a Walter Scheib en el cargo tras llevar desde 1995 a sus órdenes. Este puesto fue creado por Jacqueline Kennedy en los años sesenta y encabeza a un equipo de cinco cocineros fijos que crece con otros eventuales en función de la agenda del presidente. La retribución de Cristeta es superior a los 70.000 euros anuales.

Sin embargo, a todo el mundo no le parece bien esta decisión. De hecho, Ruth Reichl, experta la influyente revista Gourmet, reclamaba un cambio porque «había llegado el momento de alguien que utilizara productos más orgánicos y de cultivo local. Y más cuando los propios Obama cuidan un estilo de alimentación sano y pueden ser un buen ejemplo para el país». Reichl se mostraba dispuesta a buscar a un jefe o jefa de cocina más apropiado.

Según comentó a 'The New York Times' un miembro del equipo de transición del futuro Presidente, los Obama rechazaron su propuesta después de que Laura Bush hablara de Comerford: «Los Bush la adoran, no hay motivo para un cambio», señaló. Además, fue sorprendente lo bien que cayó en la familia Bush su comida especializada tras confesar el propio presidente que le encantaba la 'comida chatarra': hamburguesas con queso o sandwiches de mantequilla y miel y sabores tex-mex y barbacoa.