«Fidel García fue víctima de una campaña de injurias»

San Felipe asegura que «la venganza del régimen franquista contra el obispo de Calahorra fue largamente fraguada a través del tiempo»

MARCELINO IZQUIERDO| LOGROÑO
María Antonia San Felipe lleva años volcada en su tesis. /J. M./
María Antonia San Felipe lleva años volcada en su tesis. /J. M.

María Antonia San Felipe lleva cuatro años investigando la vida y la obra de quien fuera insigne obispo de la Diócesis de Calahorra y La Calzada-Logroño, Fidel García. Retirada de la vida política, tras años de Alcaldía y de Parlamento autonómico, publica ahora la primera parte de su tesis doctoral, que comprende el período entre 1880 y 1927, pero tiene ya muy avanzadas sus conclusiones sobre la época más interesante del mandato de don Fidel -II República y Guerra Civil incluidas-, hasta la renuncia en 1953.

-Siendo calagurritana, no tardaría en descubrir la figura del obispo Fidel García...

-Sin duda. Cuando comencé a trabajar sobre las relaciones Iglesia-Estado en el período contemporáneo descubrí que había una figura en La Rioja, el obispo Fidel García, que era una personalidad muy interesante y que extrañamente nadie la había estudiado hasta la fecha. Después supe que un pacto de silencio le había condenado al ostracismo. A mi juicio, durante el período de la II República la personalidad más interesante fue la del cardenal de Tarragona, Vidal y Barraquer, alguien que es tratado con veneración en Cataluña y en el resto de España. Durante la Transición, muerto el general Franco, la figura eclesiástica más importante fue el cardenal Tarancón y, a mi juicio, durante el duro período del primer franquismo, la figura más interesante, por no pertenecer al 'núcleo duro' del nacionalcatolicismo, es el obispo Fidel García.

-Como prelado de la Diócesis tuvo que afrontar las épocas más duras del siglo XX en España.

-Fidel García consideraba que no era función de la Iglesia elegir la forma de gobierno de los pueblos, sino que ésta era una decisión de los ciudadanos, por eso acató el advenimiento de la II República, siguiendo las indicaciones de la Nunciatura Apostólica. Sorprende un poco su «silencio público» durante la Guerra Civil en una región en la que el golpe militar triunfó desde el primer momento, y donde en la retaguardia murieron más de cuatro mil personas.

-Y entonces llegó la controvertida pastoral...

-Efectivamente. En 1942 don Fidel hizo una denuncia clara del nazismo, un error que consideraba tan perjudicial como el comunismo, pero en opinión del obispo no insistía en este último porque ya se ocupaban de ello con suficiente celo las autoridades del momento. Su pastoral se inspira en la Encíclica del Papa Pío XI, . No puede olvidarse, para situar el contexto de su pastoral, que la denuncia del nazismo se realiza en un momento en que la España de Franco miraba hacia la Alemania nazi como un modelo a seguir y se produce antes de que la II Guerra Mundial se decantara a favor de los aliados. La propaganda interna del régimen apoyaba la tesis de que Alemania y las fuerzas del Eje ganarían la contienda.

Largo calvario

-O sea, que las críticas al régimen de Hitler fueron su sentencia.

-La denuncia de Fidel García, silenciada y censurada por el régimen, tuvo una enorme repercusión en La Rioja y en el resto de España. A raíz de la pastoral, se inició para el obispo un largo calvario que terminó con la renuncia a su Silla Episcopal tras una campaña de injurias contra su vida personal que se inicia por sectores de Falange en el municipio de Calahorra y que se culmina en 1952 en Barcelona. El régimen no toleraba la tibieza en la adhesión a la causa franquista y así la venganza contra Fidel García fue algo largamente fraguado a través del tiempo.

-Recientemente, ha aparecido un libro que, según su autor, Antonio Arizmendi, tiene la misión de rehabilitar la figura de don Fidel

-En primer lugar, tengo que decir que la Historia no tiene como objeto rehabilitar la memoria de nadie. El objetivo de la Historia consiste en intentar averiguar la verdad a través de las fuentes disponibles y mostrar los hechos con objetividad. En este sentido, considero que el libro recientemente aparecido sobre el obispo Fidel García es, a mi juicio, una gran imprudencia. Es verdad que expone una teoría que podemos considerar «muy interesante» pero no es menos cierto que el autor no aporta prueba alguna para sustentar su teoría.

-Además, y esto lo digo yo, parece como si en la publicación de Arizmendi terminaran pagando justos por pecadores

-En ese relato, Franco aparece como un personaje que está por encima del bien y el mal y que, además, tiene un gesto de generosidad y de arrepentimiento al ofrecer al obispo una reparación de su honor. Desgraciadamente, la historia nos ha enseñado que Franco no se arrepintió nunca de nada y que no le temblaba la mano al firmar penas de muerte por tanto no cabe pensar que es este caso, con final menos grave, pudiera arrepentirse. Por el contrario resulta chocante que el autor que exculpa a Franco, prácticamente culpabilice al cardenal Tarancón en un asunto en el que no intervino. Y, además, estas afirmaciones se realizan, sin aportar prueba alguna y sin demostrar con documentos fehacientes la trama urdida para desacreditar a don Fidel.

-Y en esos vericuetos sigue usted profundizando...

-Este capítulo es tan apasionante como cruel. Y, todo ello, unido a la interesante personalidad del obispo, es un atractivo tema de estudio que espero que culminar lo antes posible y que es el objeto de mi tesis doctoral.

-¿Para cuándo, entonces?

-Es difícil hacer un cálculo en una investigación tan prolija, pero mi idea es defender la tesis a lo largo del 2009.

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