Dos riojanos de Nobel

Se cumplen 225 años del descubrimiento del wolframio por los hermanos Delhuyar

J.S.| LOGROÑO
CASA FAMILIAR. Residencia de los Delhuyar en la calle Santiago de Logroño. / ALFREDO IGLESIAS/
CASA FAMILIAR. Residencia de los Delhuyar en la calle Santiago de Logroño. / ALFREDO IGLESIAS

Si aún hoy se considera difícil investigar en España, cómo no sería hace dos siglos. Este año se cumple el 225 aniversario del aislamiento del wolframio por parte de los químicos logroñeses Juan José y Fausto Delhuyar, que lo lograron en 1783 en Vergara (Guipúzcoa). «Por su importancia en el contexto de la historia de la ciencia y la tecnología española hay que enmarcar este descubrimiento en el ámbito de uno de los mayores logros científicos de todos los tiempos», sostiene el profesor de la Universidad del País Vasco Pascual Román Polo.

El recuerdo de los ilustres hermanos Delhuyar se centra en ese gran hallazgo, pero su historia, aunque con un entronque común, es rica en matices; uno y otro tuvieron muy diferente final. Después del gran hito de su vida juntos, que les llegó con 29 y 27 años respectivamente, ambos partieron a distintos destinos en América, pero, mientras Fausto prosperó y llegó a regresar a España, donde acabó sus días con alto rango de director general de Minas, a Juan José no le sonrió la fortuna e incluso murió joven.

Por añadidura, si bien parece demostrado que el mérito de su descubrimiento corresponde a ambos, durante 150 años se atribuyó exclusivamente a Fausto, dejando en un injusto olvido a Juan José. El tiempo y el trabajo de otros estudiosos, como Jesús Palacio Remondo en su biografía

Los Delhuyar

(1992), han deshecho este error histórico.

En la calle Santiago

Todo empezó en Logroño, donde se instaló en 1753 el cirujano vasco-francés Juan Delhuyar Surret, natural de Hasparren (Francia), que venía de ejercer en Bilbao. Curiosamente, en la capital riojana se dedicaría además a la destilación de «aguardientes de vino y no de heces», que distribuía en el norte de España. Casado con Úrsula de Lubice, la pareja tuvo tres hijos: Juan José (en 1754), Fausto Fermín (en 1755) y María Lorenza (en 1757). La madre moriría al año siguiente.

Entre 1773 y 1777, Juan José y Fausto estudiaron en París, donde formaron una sólida base académica en medicina, cirugía, química, matemáticas, física e historia natural. Ya entonces debían de destacar, pues después de este periodo y con sólo 23 años, el mayor de los dos recibió el importante encargo del Ministerio de Marina de espiar la fabricación de las piezas de artillería inglesas, para lo cual debía mejorar su formación, primero en Alemania y luego en Suecia, e infiltrarse en Escocia después, lo que finalmente no tuvo que llegar a hacer.

Sí viajó en 1778, junto con su hermano, a Freiberg (Alemania), ciudad con importantes minas y en cuya escuela enseñaba Abraham Gottlob Werner, «uno de los padres de la mineralogía y la geología». Los Delhuyar tomaron lecciones de geometría subterránea y dibujo, beneficio de minas, construcción de máquinas y metalurgia.

En 1781 Fausto fue reclamado en su cátedra de Mineralogía y Metalurgia de Vergara y regresó. Mientras, Juan José continuaba sus planes secretos y en 1782 viaja a Suecia, donde «estudia 'química superior' en Upsala con Olof Bergman durante seis meses y en Köping visita a Scheele. Con posterioridad y durante mucho tiempo se creyó que había sido Fausto quien estudió en Suecia, lo que pudo motivar el error en la atribución del descubrimiento.

En la primavera de 1783 Juan José se queda sin la ayuda del pensionado. Regresa entonces a Vergara, junto a su hermano, que en ese momento se dedica a la enseñanza, las publicaciones y a trabajar en el Laboratorium Chemicum del Seminario Patriótico Bascongado, asociado a Chavaneau (catedrático de Química que consiguió la purificación y maleabilidad del platino). Los hornos y el equipamiento científico de estas instalaciones resultarían vitales en el trabajo de los Delhuyar durante los meses siguientes.

El descubrimiento

Juan José trajo el mineral wolframita de su periplo por las minas y universidades europeas. Bergam le había hablado de «sus intuiciones» respecto al tungsten. El fruto de su trabajo llegó en septiembre: mediante una reducción de carbón vegetal obtienen un ácido idéntico al ácido túngstico a través de la wolframita.

Así lo describieron en la revista de la Sociedad Bascongada de los Amigos del País: «Habiendo puesto otros cien gramos de este polvo en un crisol de Zamora, guarnecido con carbonilla, y bien tapado, á un fuego fuerte, en el qual estuvo hora y media, encontramos rompiendo el crisol después de enfriado, un boton que se reducirá a polvo entre los dedos. Su color era gris, y examinándolo con una lente, se veía un conjunto de globos metálicos, entre los quales había algunos del tamaño de una cabeza de alfiler, cuya fractura era metálica, y de color de azero».

Lo habían conseguido; el aislamiento de un nuevo elemento químico, el 74 de la tabla periódica. Fue sin duda un importante avance para la ciencia, pero todavía parece mayor si se tiene en cuenta la complejidad que entrañaba aislar un metal «muy difícil de extraer de sus minerales con los medios disponibles en la época», según Polo.

Aunque su aplicación práctica tardó unos años en llegar, el logro de los hermanos Delhuyar fue inmediatamente reconocido por la élite científica europea. Y aún su fama está sólidamente justificada. Como apunta la profesora de Química Inés Pellón, «eran unos auténticos premios Nobel de su época».