«La cocina camerana es sencilla, recia, consistente y muy curiosa»

Luis Carlos trabaja entre los fogones para deleitar a toda la familia con platos típicos con algún toque renovador. De los productos de la zona alaba las patatas y los quesos

P. HIDALGO| EL RASILLO

Luis Carlos abre cada día, desde hace 32 años, las puertas de su restaurante Cameros a la cocina tradicional de la zona.

«Los Cameros nos surten de unos productos excelentes», comenta. Entre ellos, destaca «la caza y la matanza, las setas, las patatas, la berza y los quesos». Así, el menú que propone resalta las cualidades de los alimentos de la sierra. Como entrante, Luis Carlos apuesta por unos hongos cameranos a la plancha, a los que seguirá un lomo de ciervo de la comarca acompañado de un vino tinto de Rioja. Y de postre, la sabrosa y típica leche frita.

La elección de este menú se basa en que «esta zona goza de una variedad de setas impresionante durante todo el año», a la que han favorecido «las lluvias de esta primavera».

Por otro lado, «en Cameros ha habido caza toda la vida, y las piezas de la comarca son más grandes que en otras zonas, de más calidad y de mejor carne», explica, por lo que entiende que «vengan hasta de provincias andaluzas a cazar en nuestros montes». «También el Rey se acercó un año a Las Viniegras», apostilla.

«Debido a la altura y a los pastos, la carne de la sierra es excepcional y muy sabrosa», valora.

Define la cocina camerana como «recia y sencilla». «Antes, no había demasiada variedad porque Cameros estaba un poco lejos de Logroño y no tenía grandes ciudades alrededor, por lo que se dependía mucho de los chorizos, el jamón y el lomo de la matanza, que se conservaba con aceite y pimentón hasta la primavera o el verano».

Secano

No obstante, contenía platos «consistentes para aguantar el frío, y curiosos como los quesos en los que se mezclaba la leche de oveja y vaca». A su vez, presentaba excelencias como «las patatas de secano, más deliciosas que las de regadío». «Por ejemplo, unas patatas con sebo o chorizo están riquísimas», aconseja.

Basándose en esos platos y alimentos tradicionales, Luis Carlos presenta una carta de 30 a 40 platos que combinan el sabor de antaño con toques más actualizados. Así, asegura que «los niños se pierden por las chuletillas y los pimientos salteados, mientras que los padres optan por unos caparrones y una perdiz escabechada». Entre ellos, siempre encuentran un hueco destacado los productos de temporada y las verduras.

«A muchos visitantes les llama la atención que presentemos gran variedad de platos típicamente riojanos de manera permanente», asevera.

Precisamente, el que «'la gente de la ciudad'» conduzca numerosos kilómetros para acercarse «'a casa' resulta una alegría indescriptible» y se lo agradece «infinitamente».