Acción, creación, reacción

La Escuela de Arte y Superior de Diseño celebra la segunda edición del proyecto 'Pizarras Bizarras', abierto a las aportaciones artísticas de más de 50 invitados

E. SÁENZ
Fiesta de presentación de la nueva edición de 'Pizarras Bizarras' en la Escuela de Arte. / JUSTO RODRÍGUEZ/
Fiesta de presentación de la nueva edición de 'Pizarras Bizarras' en la Escuela de Arte. / JUSTO RODRÍGUEZ

El planteamiento es tan simple y heterodoxo como ambicioso y creativo. La Escuela de Arte y Superior de Diseño de Logroño (EASD) planta simétricamente en el vestíbulo del centro dos pizarras negras de 3,10 por 1,55 metros. A su lado, sólo tizas blancas o pasteles. Cincuenta invitados de aquí y de allá-desde diseñadores de prestigio nacional hasta estudiantes de primer año, pasando por ilustradores, chavales de otros centros, antiguos alumnos de la Escuela...- desarrollan allí sus particulares obras. Intervenciones que, por definición, tienen un carácter abierto y efímero ya que pasadas dos semanas las pizarras se borran para dejar hueco a nuevas creaciones.

«La única consigna es la libertad total», explica Carmelo Argaiz como portavoz de los profesores encargados de gestionar 'Pizarras Bizarras'. «El propósito -añade- es ofrecer un espacio para la expresión, dinamizando la vida cultural de la ciudad y potenciando la motivación de todos los alumnos».

La edición abierta ayer con la participación de nombres de relumbrón como los de Víctor Coyote y Demetrio Navaridas, incluyó la intervención de un matemático, actuaciones musicales y degustaciones de cava. También fue el momento escogido para la presentación del catálogo que recopila todas las obras confeccionados el año anterior, así como la página web en la que se irán exhibiendo las creaciones que vayan gestándose en las pizarras de aquí hasta junio.

«El proyecto trata de mezclar lo educativo y artístico», abunda Argaiz, para quien la combinación de artistas reconocidos con chavales noveles para protagonizar estas obras forma parte de la esencia de esta iniciativa. Y es que, como remata, «la clave no está tanto en la calidad de los trabajos, sino en la ausencia de trabas para desarrollar algo insólito y sin prejuicios sobre una base elemental como son dos pizarras y unas tizas».

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