Alan García pone a los damnificados del terremoto a reconstruir Pisco

El Gobierno peruano cierra en 540 la cifra de víctimas mortales mientras siguen apareciendo cadáveres

E. C.
La brigadas de limpiadores avanzan por las calles de Pisco armados con sus escobas. / AFP/
La brigadas de limpiadores avanzan por las calles de Pisco armados con sus escobas. / AFP

El Gobierno de Alan García, acosado por las críticas de la oposición peruana y por las de los cientos de cooperantes extranjeros llegados al país sudamericano y amparado en la llamada Ley de Solidaridad, ha creado un ejército de damnificados, para socorrer a las víctimas del seísmo que, según ya cifras oficiales definitivas, se cobró 540 vidas en la región de Ica. El programa Construyendo Perú arrancó ayer en Pisco, la ciudad más afectada, personificado en un millar de damnificados, que, vestidos con polos rojos, cascos blancos, máscaras y escobas, abordaron las tareas de limpieza en las calles devastadas. El plan dará empleo a 8.000 personas, todas ellas víctimas del terremoto, en las zonas dañadas. Las cifras más optimistas establecen que 187.000 ciudadanos han sufrido pérdidas tras el terremoto.

Las primeras 'brigadas rojas' desfilaron ayer por Pisco, al grito de arengas difuminadas por las miles de toneladas de escombros en que quedaron convertidas la mayoría de las viviendas de adobe de la urbe y ensordecidas por las dos réplicas de regular intensidad -5,1 y 4,9 en la escala Ritcher- que volvieron a recordar la tragedia. «Las tareas han comenzado», aseguran desde el Gobierno, que garantiza que todos los trabajadores cobrarán un sueldo digno, aunque se apela «al sentimiento de contribuir a la recuperación de sus ciudades».

El Gobierno ha destinado además 700.000 soles, que serán distribuidas en subvenciones directas y únicas de 800 soles -200 euros-, a los parientes de las personas que deban ser atendidas en centros sanitario de Lima. El número oficial de heridos alcanza la cifra de 1.090.

Pero estas partidas parecen claramente insuficientes. Siete días después del seísmo, el dolor continúa en las zonas arrasadas, donde aún se respira polvo, olor a tragedia y la esperanza se niega a anidar. Las máquinas excavadoras trabajan por demoler lo poco que quedó en pie en Pisco, Ica y Chincha, descubriendo nuevos cadáveres que unir a una lista de pérdidas humanas ya clausurada por las autoridades de la capital.

La reconstrucción se presenta como un reto que parece superar al Gobierno de García, que cada día afronta problemas de organización y falta de eficacia en el auxilio.

Sin supervivientes

La casi imposibilidad de encontrar más supervivientes sumada a los problemas en la distribución de la ayuda humanitaria y al éxodo masivo de la población enlutan a la ciudad peruana de Pisco según el Cuerpo de Bomberos.

«Esto es definitivo, ya no es posible encontrar supervivientes», dijo el comandante de los bomberos de Perú .

Pese al transcurrir de los días, algunas personas tenían la esperanza de encontrar a sus familiares desaparecidos desde la noche del miércoles 15, cuando un seísmo de 7,7 grados en la escala de Richter afectó Pisco y el centro-sur de Perú .

Sólo 15 personas fueron rescatadas vivas bajo los escombros de la catedral de San Clemente, en la plaza de Armas de Pisco, donde fueron recuperados unos 180 cadáveres, dijo en Lima el subcomandante Roberto Ognio.

Los primeros supervivientes fueron sacados en las primeras horas tras el terremoto, entre ellos un bebé de pocos meses cuyos padres murieron aplastados. El último fue el sacerdote José Torres -en la madrugada del viernes- que oficiaba una misa de difuntos.

Ayer los bomberos proseguían removiendo los escombros de lo que fue el hotel Embassy, del cual el martes se sacaron al menos dos cadáveres. Se estima que pueden haber más cuerpos enterrados en el hotel, dado que se hundieron sus primeras dos plantas. El Embassy era frecuentado por turistas con bajo presupuesto para su viaje.

Una semana después de la catástrofe, en Pisco y en el resto de las ciudades afectadas - Chincha, Ica y Cañete- intentaban volver a la normalidad aunque falta todavía mucho para llegar a esa situación.