La huella del barro

Dos de las tres intervenciones arqueológicas realizadas resaltan el pasado romano de Tricio

C. SOMALO
Excavación en la carretera local que conduce de Tricio hasta la fábrica de harinas Vázquez donde se ha encontrado el horno y restos de varias edificaciones. /JUAN MARÍN/
Excavación en la carretera local que conduce de Tricio hasta la fábrica de harinas Vázquez donde se ha encontrado el horno y restos de varias edificaciones. /JUAN MARÍN

Cuando los romanos remontaron el Ebro y llegaron a la cuenca del río Najerilla se encontraron un paisaje de ensueño. Una población celtibérica experimentada y con una tradición ceramista, agua y madera en abundancia y una arcilla excepcional. Tenían todo para completar el desarrollo socioeconómico y convertir el curso medio del Najerilla (Tricio, Arenzana de Abajo y de Arriba, Bezares ) en un centro de producción de terra sigilata de primer orden dentro del mundo romano. Faltaban las comunicaciones y nadie como ellos hizo todo lo necesario para poder desarrollar las obras de infraestructuras que han perdurado hasta nuestros días. Con todos los elementos necesarios, convirtieron la zona en uno de los referentes alfareros de los dominios romanos. Alfares itálicos, franceses y hispánicos de la comarca de Nájera inundaron sus territorios. Tricio y sus alrededores, con decenas de artesanos de enorme prestigio por la calidad de sus productos, fueron la gran factoría hispánica de los mejores útiles de consumo cotidiano que se encuentran en Hispania. Una poderosa red de comerciantes se encargaron de llevarlos a los rincones más recónditos de aquella poderosa ciudad que dominó el Mediterráneo.

Dos mil años después, Tricio y su término municipal constituyen uno de los mejores legados de toda la época romana en nuestro país. Tricio guarda hoy, todavía, el pasado más esplendoroso de una urbe romana con un perímetro industrial de gran factoría ceramista. Dos mil años después la labranza continuada de una tierra feracísima no ha acabado milagrosamente con aquellos vestigios.

Todas las obras que se vienen haciendo en la localidad ponen al descubierto un pasado esplendoroso. La circunvalación sacó a la luz la calzada y hornos de cerámica. Y el acondicionamiento de la carretera entre la localidad y Nájera un hermoso y singular horno que conserva todos los elementos necesarios para entender con el mejor de los espíritus didácticos las funciones de un horno romano con sus cámaras de combustión y cocción y todo el sistema de toberas que permitía el control de temperaturas.

Luis Gil Zubillaga, el arqueólogo que dirige los trabajos, reconocía la dimensión de los hallazgos realizados en las últimas tres semanas. «Controlamos el desarrollo de las obras de la carretera. En un tramo de 1,3 kilómetros hemos tenido que realizar cinco intervenciones arqueológicas » El horno aparecido en el extrarradio de la población se ha conservado excepcionalmente. Su origen se remonta a la segunda mitad del siglo I o comienzos del II d. de C. «El sistema de toberas es inédito hasta la fecha. No hay nada documentado que sea parecido».

Los problemas de conservación, señaló, son innumerables. A simple vista se observa el deterioro producido por el desecamiento de la arcilla y su descomposición. El horno es extraordinario. En la cámara de cocción se han encontrado restos de la última hornada. Las paredes presentan un sistema de colmatado producido por el óxido de cobre de la arcilla a unas temperaturas superiores a los mil grados que inutilizaban los hornos tras ocho o diez cocciones. «Es perfecto, asegura. Hemos encontrado restos de piezas hasta en las toberas. ¿El artesano? Bueno, se dedicaba a hacer vasitos y platos de extrema calidad. Hasta ahora su identidad era inédita aunque es posible que esté emparentado con otros de la zona, como sucedía en las sagas de tradición familiar »

El horno apareció en el talud perimetral de la carretera de Tricio a Nájera, en una zona recrecida que conserva también partes de un corte natural. Muy próximos se encuentran otros hallazgos en los que sigue trabajando el equipo. «Se trata de edificaciones sencillas, según el arqueólogo, con una estructura propia de edificaciones complementarias de un entorno industrial, de una zona de trabajo asociada a la alfarería». Los primeros trabajos han puesto al descubierto los restos de época tardorromana (en torno al siglo V d. de C.) aunque a mayor profundidad aparecen otros del Alto Imperio y del Bajo Imperio Romano y hasta celtibéricos de los siglos I y hasta III A. De C.

La cerámica hallada, como siempre, es de una calidad extrema. «Hay que tener en cuenta que había una gran competencia, señala Luis Gil. La calidad de los trabajos tenía que ser exquisita. Por eso, los alfareros sabían que si la cerámica no salía perfecta no se ponía en el mercado. Lo hemos podido comprobar en algunas zonas de vertederos». A unos 300 metros del horno junto a una balsa de agua, se ha hallado una pileta para decantar la cerámica y darle el color y la textura finísima que aparecía después en el mercado.

Tricio ha sido este verano una caja de sorpresas anunciadas. Otra de las obras, la construcción de una segunda fase de viviendas del IRVI, en la entrada de la población, ha puesto al descubierto nuevos yacimientos arqueológicos. Previsible, inevitable en este gran referente hispano de la cerámica industrial.

Pilar Sáenz Preciado, arqueóloga, dirige los trabajos y excavaciones de la zona con Gabinete Trama. Estamos en la zona periurbana del extrarradio más próximo a la antigua localidad romana. En las cuadrículas del solar pueden apreciarse estructuras de edificaciones tardorromanas de escasa relevancia y con distintas dependencias, un horno, el trazado de una antigua calle de acceso.

A escasa profundidad, sorpresas, algunas inéditas. En los primeros niveles, innumerables restos de cerámica con piezas singularísimas como ánforas (inéditas en la zona), la mano de una estatua de mármol a tamaño natural, numerosas monedas de época tardía, el esqueleto de un niño, pinturas sobre yeso en el friso de unas casas, apliques de mobiliario, un taller de agujas... Y todo ello sin haber llegado por debajo de 1,40 en la excavación hasta épocas más tardías.

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