Sesión de cine en el Festival de Cine Español en Doha. :: españolas en qatar
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Catar, estación de paso

  • Cuatro mil españoles viven en el emirato pendientes de su crisis vecinal. Paga bien pero casi nadie aguanta más de dos años. No hay impuestos, ni leyes laborales. «Juegan con tu expectativa. Tanto vales, tanto cobras»

Buenos días! Nos esperan días de mucho calor. Hoy tenemos una agradable brisa pero se pronostica que la temperatura puede subir hasta 45-50 grados centígrados en los siguientes tres días. Recomendaciones del ministerio:

Tomar 6-7 litros de agua al día.

No salir al exterior entre las 11 y 14 horas.

La colonia española en Catar intercambia mensajes de ánimo por sus redes habituales, como el Facebook de EspañolasenQatar, un colectivo de 200 mujeres que intentan reproducir una vida de familias, relaciones sociales y ocio lo más parecido a cuando están en casa. En sus listas de fotos, docenas de imágenes familiares, vestidas con ropa occidental y compartiendo mesa y hasta cóctel. Hoy es pleno fin de semana musulmán (viernes y sábado), por lo que será una jornada de cierta resaca. «Los jueves es el día de salir por ahí. Intentamos cenar y vernos, casi siempre en grupos. Por supuesto, todos españoles», explica Sara. Vive en Doha desde hace 16 meses con su marido, que trabaja en una empresa que construye los impresionantes estadios de fútbol que albergarán el Mundial 2022. La mayoría los ha diseñado el estudio español Fenwich-Iribarren.

Acepta intercambiar unos mensajes si no aparecen referencias profesionales, ni datos personales muy exactos. «No mencione nuestra empresa porque son muy quisquillosos. Es su manera de hacer negocios», insiste.

¿Qué plan tiene para este fin de semana?

No hay mucho donde elegir. Tal vez nos acerquemos a la playa para relajarnos un poco de estos días.

Las playas de las que habla Sara suelen ser las privadas de pago de algunos hoteles de lujo. En ellas no está prohibido bañarse o usar un bikini. Y lo de «relajarnos un poco» viene por el conflicto diplomático que ha estallado entre las monarquías del Golfo Pérsico y que ha llenado de rumores y, sobre todo, temores a los miles de extranjeros que viven en el país. Con un tamaño similar a Navarra y la población de Galicia (2,7 millones), en Catar casi todo el mundo es extranjero. Sus nacionales no llegan al 15% de la población, unos 300.000 habitantes.

A Juan Francisco no parece preocuparle la incertidumbre que hace aún más cuesta arriba este tórrido mes del Ramadán catarí. «Soy cocinero y me ha salido un trabajo en Doha (la capital). 1.900 euros al mes, 'tax free' (sin impuestos), más vivienda, vuelo, seguro médico y transporte. ¿Tendría calidad de vida allí? ¿Está bien o debería pedir más?», pregunta. Aspira a convertirse en el español número 1.852 inscrito en la Embajada. Aunque la colonia, incluidos familiares, duplica esa cifra.

Ha logrado esta oferta gracias a los muchos portales digitales que han llenado el país de mano de obra de todos los perfiles y orígenes. Por un lado, los salarios más que generosos de arquitectos, ingenieros o constructores, todos occidentales. Por otro, los sueldos bajos (menos de 200 euros al mes) para los asiáticos que limpian sus casas, sus calles o construyen sus rutilantes estadios y hoteles.

Ángel José Lorente calcula que ha ayudado al 80% de españoles que han buscado su horizonte laboral en el país. Su web www.empleoqatar.com es una fuente impagable de pistas para no perderse por su particular sistema de contratación. Recibe más de 5.000 visitas al mes. Ha vivido y trabajado cinco años en el país junto a su mujer, arquitecta, y el conflicto actual le pilla en pleno regreso. «El mercado laboral se basa en las relaciones personales. Allí funciona lo de presentarse en la empresa con tu currículum vitae. Te atienden y ¡te dejan pasar!».

La resaca va mucho más allá de gestionar estos días festivos. Sopla el shamal, el vendaval que suele recordar a los habitantes de Doha que su modernidad se asienta sobre un infinito de arena. Ayer alcanzó los 23 km/hora. Quizás para que nadie olvide que están en plena tormenta diplomática entre los vecinos del Golfo.

Estos días los avisos son contradictorios. La Embajada española remitió a toda la colonia un mensaje con advertencias sobre las restricciones aéreas para quienes viajen con escala en Arabia Saudí y para tranquilizar respecto a los suministros de víveres. Da crédito a las autoridades locales, que aseguran que «existen reservas suficientes mientras se ponen en marcha las líneas de aprovisionamiento alternativas ya previstas».

«Voy a trabajar todas las mañanas como de costumbre. Mis colegas y yo hablamos de lo extraño de la situación. Pero no he visto señales de que la gente se precipite al supermercado y compre con pánico», explica en un chat otra española. Aunque reconoce que trató de hacer una foto del lugar y «un hombre de mediana edad informó a la gerencia y me pidieron que borrara la imagen».

El bilbaíno Kepa Blanco atribuye el despiste general a que «la crisis con los vecinos ha llegado en el Ramadán, el mes en el que cambian todas las rutinas». Este entrenador de fútbol rompe el perfil de español de paso. Lleva cuatro años y medio e incluso su segundo hijo nació en Doha. «Hacemos vida normal estos días y no percibo nada brusco en las calles, ni en las tiendas», insiste Kepa.

Al mes sagrado y al conflicto se añade el comienzo de las vacaciones. Su equipo, los juveniles de Al Khor, acabó la temporada hace unas semanas. «Nosotros regresamos a casa la semana que viene. En la colonia española había preocupación por los vuelos. Pero con los desvíos alternativos el tema se está solucionando bien», recalca.

El 'flotador' catarí

Para acabar de completar la confusión, se ha extendido el rumor de que las autoridades podrían controlar y monitorizar las comunicaciones: correo electrónico, whatsapp... Un motivo más para que buena parte de la colonia española no quiera pronunciarse o lo haga con garantías de total confidencialidad. «Son muy receptivos con los profesionales extranjeros. Pero es un país absolutista y complejo. Te pueden hacer una visita a tu puerta», afirma enigmático Juan T., extrabajador de Qatar Airways.

Cuando la economía española colapsó hace diez años, muchas empresas se subieron al 'flotador' catarí, el país con mayor renta per cápita del mundo. El 'desembarco' es tan notable que metros, tranvías, hoteles, desaladoras o estadios están llenos de profesionales españoles. Adolfo Domínguez abre estos días su primera tienda de moda en la región.

Para 'coser' todo esto se creó en 2009 el Spanish Business Council Qatar, algo así como una cámara de comercio para ayudar a nuestras empresas. Desde su despacho, en el complejo Al Muthanna, su presidente, José Vicente, se muestra diplomático. «La vida aquí es la de siempre, con las normales interrogaciones y debates sobre las noticias que van llegando».

¿Cree que puede afectar a las empresas españolas?

No sabemos la repercusión, depende de lo que dure esta situación, como es lógico.

Frente a una Europa que estruja cada euro, las relaciones laborales en Catar se basan en lo personal. La barra libre de sus leyes es casi absoluta. No hay IRPF, ni IVA, ni impuesto de sociedades. No hay sindicatos, ni convenios laborales. Las empresas extranjeras sólo tributan por lo generado allí. El dinero es casi superfluo si un profesional encaja en los objetivos cataríes. «Buscan cubrir las expectativas en función de sus necesidades. Juegan con tu ambición profesional. Tanto te valoras, tanto ganas», resume José Antonio Mezquita, que ha dirigido durante casi dos años la terminal de pasajeros del nuevo aeropuerto de Doha.

Este profesional cumplió a rajatabla el perfil habitual: no más de dos años en el Golfo Pérsico. «La rotación es brutal. Nadie crea vínculos. Es un sitio de paso en todo. La mentalidad es cortoplacista». De hecho, los extranjeros tienen prohibido comprar casa salvo en La Perla, la isla artificial que han construido sobre sus aguas. Es tan contrario al 'modus vivendi' español que los 4.000 que viven allí se buscan unos a otros. «Necesitas tu válvula de escape y precisas un poco de camaradería. La encuentras enseguida. Es raro el edificio en el que no hay españoles», completa sus recuerdos Mezquita.

No es habitual llevarse a la familia. Catar invita a hacer caja (no es difícil acercarse a los 8.000 o 10.000 euros mensuales) y regresar. Los que llegan con los niños pueden encontrarse muchas dificultades, empezando por colegios caros, con más demanda que oferta de plazas y en los que «cada año pueden cambiar el 30% de los profesores», se sorprende José Antonio Mezquita.

La temporada más cálida del año coincide en esta ocasión con el Ramadán. Los colegios han sacado normas por las que modifican sus horarios para evitar a los críos las horas de solana. Incluso las empresas al aire libre tienen que parar entre las 11 y las 14 horas, bajo pena de que las cierren un mes. Un avance con el que las autoridades tratan de sortear las críticas por la falta de celo laboral.

A pesar de ser una monarquía absolutista, en la colonia española admiten una cierta laxitud de las costumbres. Siempre que el atuendo respete la cobertura desde los hombros a los tobillos, las mujeres pueden permitirse mantener su aspecto occidental en público. «El catarí medio es bastante avanzado y moderno de mentalidad. Muchos han estudiado fuera y han visto mundo», reconoce Sara. Eso no evita las escenas de familias locales en las que las mujeres caminan un metro y medio detrás de sus inmaculados maridos o que se levanten el velo cada vez que se llevan la cuchara a la boca en un lugar público.

Catar es sinónimo de estación de paso. En la colonia patria se sueña con el billete de vuelta. Y más ahora que España remonta el vuelo económico. El resto confía en que escampe el 'shamal diplomático'. «Han tenido conflictos antes. A nadie en el Golfo le interesa que dure mucho. Se juegan todos montañas de dinero», concluye el exoperario de Qatar Airways, Juan T.

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