La primera vez en una década

La formación de una borrasca en el norte de África, al tiempo que un poderoso anticiclón encontraba asilo en el pasillo marítimo que separa las Islas Británicas del resto de Europa, ha enfriado las temperaturas en el continente hasta el punto de solidificar el Seealpsee, un lago de postal, encastrado entre macizos, en el cantón de Appenzell, a sólo un par de horas en tren de Zurich. El fenómeno, que no se repetía desde hace diez años, ha permitido a unas niñas de la zona desenfundar sus patines de hoja y rayar el espejo en el que durante todo el año se miran, con tocado blanco o sin él, los Alpes suizos. Situada a 1.143 metros sobre el nivel del mar, la luz del verano devuelve a la laguna las tonalidades azules de sus aguas, ennegrecidas hoy por efecto de la congelación y el cielo plomizo. Y también las hordas de piragüistas, excursionistas y senderistas que frecuentan uno de los rincones suizos más turísticos por su extensa red de travesías. Dicen que, pese a ello, aún es posible distinguir el tintineo de las lustrosas vacas que pastan en el valle esmeralda.

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