Christopher Lee, en Qatar. :: r. c.
Christopher Lee, en Qatar. :: r. c.

«El reto es diseñar algo más que edificios, experiencias»

  • Christopher Lee Director regional de Populous

  • «Los estadios tienen que adaptarse a otros usos para ser sostenibles», afirma el estudio de referencia mundial

Algunos de los eventos deportivos más importantes de los últimos años han tenido como escenario construcciones firmadas por Populous. El estadio Olímpico de Londres 2012, el Soccer City de Johannesburgo, donde se jugó la final del Mundial 2010, o el estadio de Sochi para la olimpiada de invierno de 2014 llevaban el sello de este estudio fundado en Kansas en 1983 por un equipo de siete arquitectos. Hoy, con 26 delegaciones en cuatro continentes, es una referencia mundial en arquitectura deportiva. En esos templos modernos en los que miles de personas se reúnen para dar rienda suelta a sus emociones, «el reto del arquitecto es diseñar algo más que edificios, es diseñar experiencias. Crear las condiciones para que nazca ese increíble sentimiento de comunidad que se consigue al compartir un momento, sea un partido de fútbol o un concierto de música», explica desde Londres el director de la firma para Europa, África y Oriente Próximo. Con ese objetivo de epatar al público vemos cómo los estadios se reivindican como iconos, adquiriendo formas orgánicas espectaculares.

¿Qué será lo siguiente?

Considero que todas las arquitecturas son específicas. No creo en la existencia de tendencias arquitectónicas globales. La gran arquitectura procede de un instante particular, de un paisaje, una ciudad o un equipo, no de una moda pasajera. Cuanto mejor sea su relación con ese entorno, mejor será el edificio.

Su estudio trabaja en China, Dubai, Londres o Brasil. ¿Cómo se conecta con culturas tan distintas?

Observando lo que nos rodea y adaptándonos a ello. Construimos un estadio en Natal para el mundial de Brasil, muy cerca de una playa de aguas transparentes. El edificio evoca las conchas marinas y las dunas que lo rodean. No creo que algo así pudiera haberse ubicado en el centro de Londres. En Guadalajara integramos el campo en el paisaje encastrándolo en el terreno y en Monterrey buscamos que dialogara con la cordillera que marca el horizonte.

¿Cuáles son sus mejores mercados a día de hoy?

El mercado estadounidense sigue siendo enorme, desde el circuito profesional al universitario, que cuenta con equipamientos que no imaginaríamos en Europa. Es sólido y, con toda seguridad, seguirá creciendo. Hay trabajos muy interesantes desarrollándose en Latinoamérica. Claramente, hay un montón de trabajo en Oriente Medio, Rusia, China... Y en Europa también está habiendo movimientos interesantes. En Italia, España, Francia e Inglaterra se está dinamizando el mercado gracias en parte a la inversión privada en campos de fútbol.

La alianza entre marcas y clubes está dando mucho trabajo a los arquitectos...

No hay duda. Pero renovar un estadio no es sólo contar con unas instalaciones increíbles. Está demostrado que los clubes consiguen multiplicar sus ingresos, hacen más taquilla, logran mejores patrocinios y aumentan los derechos televisivos. Le pasó al Arsenal cuando se mudó al Emirates Stadium. Es un ciclo que se alimenta a sí mismo y una forma de prepararse para el futuro.

¿Se puede ser sostenible cuando se trata de batir récords?

Un estadio tiene un consumo energético relativamente irregular, creo que en este caso el desafío es producir edificios que dejen una menor huella y tengan un impacto ligero en la ciudad. También es muy importante que se pueda adaptar a diferentes usos. En el pasado veíamos sedes de grandes eventos que languidecían después de la cita para la que fueron construidos. Ahora nuestro trabajo es evaluar cómo estos edificios pueden ser transformados para hacerlos operativos a largo plazo. Conseguir un mayor uso de las instalaciones a lo largo del tiempo es también una manera de hacer sostenible la arquitectura deportiva.

El proyecto que Populous presentó a concurso para el centro deportivo Rey Abdullah de Arabia Saudí simulaba un torbellino de arena agitada por el viento. No ganó.