El gol

Pelé posa como una
tilde sobre el mil
dibujado con balones.   
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Pelé posa como una tilde sobre el mil dibujado con balones. :: getty images

T enía que ser en Maracaná. Tenía que ser frente a un portero argentino. ¿Qué mejor escenario?, ¿qué mejor rival? El coliseo en el que 180.000 desconsoladas almas lloraron la derrota de Brasil ante Uruguay (1-2) en la final de la Copa del Mundo de 1950, y un arquero que fue internacional con la archienemiga selección albiceleste. Dos desquites en uno el 19 de noviembre de 1969.

Tres días antes tuvo la opción de gozar de aquella fiesta el estadio Fonte Nova, en Salvador de Bahía, pero el destino quiso que el gol número mil en la carrera de Edson Arantes do Nascimento, más conocido como Pelé, tuviera lugar en el majestuoso recinto de Río de Janeiro. Lo decidió el destino y un defensa del Bahía llamado Nildo, que sacó de la misma línea de puerta la mejor ocasión de 'O Rei' en aquel partido. ¿La reacción del público local?... Un abucheo generalizado a su zaguero por privarle de presenciar en directo un momento histórico en la trayectoria del ídolo de ídolos del fútbol brasileño, que sumaba entonces 999 balones enviados a las redes adversarias.

Sin dudarlo un instante, aquellos espectadores preferían ese día la derrota de su equipo a que el mito nacional abandonara el campo sin marcar. Pelé no se cuestiona en el país de la samba. No ahora y mucho menos entonces. Brasil había ganado con él sus dos primeros Mundiales, en Suecia'58 y Chile'62, y faltaban unos meses para que se coronora con el tercero en México'70. Fue curiosamente un uruguayo, el periodista, escritor y apasionado del balompié Eduardo Galeano -«un mendigo del buen fútbol», en sus propias palabras- quien mejor ha explicado los motivos de la veneración a la figura del 10 del Santos: «Cien canciones lo nombran. A los diecisiete años fue campeón del mundo y rey del fútbol. No había cumplido veinte cuando el Gobierno de Brasil le declaró tesoro nacional y prohibió su exportación». (....) «Quienes tuvimos la suerte de verlo jugar hemos recibido ofrendas de rara belleza: momentos esos tan dignos de inmortalidad que nos permiten creer que la inmortalidad existe», describe el desaparecido maestro en su libro 'El fútbol a sol y sombra'.

Un graderío volcado

Frustrada la opción en Salvador de Bahía, a Pelé se le volvía a presentar la oportunidad de hacerse milenario ni más ni menos que en el imponente Maracaná. Vasco de Gama versus Santos en una jornada del Torneo Roberto Gomes Pedrosa, predecesor del actual Campeonato Brasileño y del que la escuadra de 'O Rei' era vigente dominadora. Todo un país aguardaba el momento. Casi 100.000 aficionados lo hacían en el graderío carioca ese 19 de noviembre. Expectación sin límites y un deseo compartido de nuevo incluso hasta por la torcida local. También, podría decirse, por el árbitro del encuentro, Manuel Amaro, que en el minuto 33 de la segunda parte, con empate a uno en el marcador, señaló sobre Pelé un penalti de esos que bordeando el eufemismo solemos denominar 'rigurosos'. Por primera vez en su carrera, la estrella, ejecutor con acierto de decenas de penas máximas, pareció dudar ante la trascendencia del libreto. «Me sentí solo contra el mundo, realmente nervioso», rememoraba el ídolo unos años más tarde. Enfrente, bajo el travesaño, tan agitado o más, Edgardo Andrada, alias 'Gato', portero internacional argentino con diez temporadas de experiencia en el Rosario Central y que ese 1969 acababa de fichar por el Vasco de Gama. «Hasta los hinchas del Vasco estaban contra mí -relató después el guardameta-, y yo no quería pasar a la historia como el arquero que encajó el gol mil de Pelé». Mala suerte, amigo. Sin disfrazar su anhelo, la grada coreaba el nombre del lanzador. El astro disparó de derecha con una leve paradiña, Andrada llegó a tocar la pelota, pero esta entró. El gol.

De nuevo Eduardo Galeano glosa como nadie la escena: «Súbitamente en las tribunas no hubo nadie, y en la cancha tampoco. Pelé y el arquero, Andrada, estaban solos. A solas, esperaban». (....) «El guardameta alcanzó a rozarla, pero Pelé clavó la pelota en la red. Era su gol número mil. Entonces la multitud volvió a existir, y saltó como un niño loco de alegría, iluminando la noche», escribió el autor uruguayo.

En efecto, Maracaná eclosionó. Un enjambre de fotógrafos y aficionados se abalanzaron sobre el protagonista, que ya había recogido de la portería el balón, su trofeo. Mil goles lo contemplaban. Hinchas locales le ofrecieron camisetas conmemorativas del Vasco con ¡el número 1.000 a la espalda! A hombros de una multitud exaltada, Pelé dio una vuelta de honor al campo, en lágrimas, besando la pelota a cada paso. El partido estuvo detenido 25 minutos antes de reanudar los doce restantes. 1-2 definitivo y un reguero de placer inundando cada rincón de un país inabordable.

El insomnio de Marcos Senna

Si admite el reinado y ensalza la figura de Pelé un uruguayo como Galeano, ¿qué testimonios no han de escucharse entre los propios compatriotas del mito? Un botón: el exjugador hispano-brasileño Marcos Senna, campeón de la Eurocopa de 2008 con la selección española y ahora en el departamento de relaciones institucionales del Villarreal, ni siquiera había nacido cuando 'La perla negra' anotó su milésimo tanto, pero ha visto el vídeo varias veces. «Algo histórico, único», dice. Santista, «como mi padre», Senna creció deslumbrado por el brillo de las hazañas de la leyenda, proezas que él conoció por las narraciones de sus mayores y por imágenes en blanco y negro. Tal es su admiración que la víspera de ser presentado como jugador del Cosmos de Nueva York, hace tres años, Senna apenas pudo dormir, presa de la excitación: «En el acto iba a estar Pelé, presidente honorario del club, y yo tenía una gran ansiedad, mucha ilusión. No pude dormir bien, estaba como un niño la noche de Reyes, ja, ja... Para mí fue un sueño realizado».

Elogio sobre logros que hay quien discute parcialmente. La FIFA da por buena la cifra de 1.284 goles totales de Pelé en 1.375 partidos oficiales, amistosos, torneos de preparación... De ellos, 767 tantos corresponden a encuentros de competición (831). Otras fuentes rebajan la primera suma, que creen inflada con compromisos no computables. Salsa para una polémica que Senna zanja: «En amistosos o no, hay que meter 1.284 goles y ganar tres Mundiales. No hay otro como él». Igual opina de sí mismo el propio 'O Rey': «Nunca habrá otro Pelé. Mi padre y mi madre cerraron la fábrica», ha llegado a declarar. Sin rubor. Y sin abuela.