La medalla de sus vidas

  • Carlos Coloma ha duplicado patrocinadores, a Marcus Walz y Saúl Craviotto les llueven los compromisos y Marina Alabau aprovechó para ser madre. Un podio olímpico te da mucho más que la gloria deportiva

Dejó dicho el barón Pierre Fredy de Coubertin que «lo más importante del deporte no es ganar, sino participar». En el ámbito profesional, donde imperan los réditos del éxito, encontraremos no pocas voces que discutan el lema, pero incluso en ese mundo se admite como bueno, sensato e instructivo el mensaje con el que trataba de ensalzar la cultura del esfuerzo el fundador de los Juegos Olímpicos de la era moderna. El pedagogo e historiador francés resumió un ideal y marcó una línea de pensamiento para una cita que se repite cada cuatro años y que en la última edición celebrada en Río de Janeiro congregó una audiencia mundial próxima a los 5.000 millones de personas. Será por la colorista paleta cultural que presenta, por el amplio abanico de espectáculos concentrados en el mismo recipiente..., lo cierto es que un encuentro olímpico ejerce una atracción irresistible para deportistas y espectadores. Los primeros sucumben a ese imán sin condiciones y por ello se preparan duramente a lo largo de cuatro años para no perder un tren que para la mayoría es un objetivo en sí mismo. Tomar parte en una Olimpiada constituye una experiencia única, un acontecimiento imborrable. Tanto que se esfuerzan por participar en él incluso deportistas que gozan de fama internacional previa y cuentas corrientes multimillonarias.

Y si estar ya es un sueño, ¡qué decir de encaramarse a uno de los tres cajones del podio! La gloria olímpica proporciona un subidón de adrenalina igualmente único -basta con observar las caras y las lágrimas de los medallistas-, pero también otras cosas. Y no hablamos únicamente de dinero, que también: en el caso español, 94.000 euros por el oro, 48.000 por la plata y 30.000 por el bronce en deportes individuales, además de dos años garantizados de beca ADO, cuyos importes van de los 22.000 a los 60.000 euros anuales, según modalidad y color del metal. No está nada mal, pero hay bastante más. Una presea olímpica otorga un reconocimiento, unas vías de promoción y unos horizontes de estabilidad que no ofrece ningún otro torneo en la mayoría de las disciplinas. Especialmente en las minoritarias. Los cuatro nombres que nos cuentan aquí su caso dan fe de ello. Los piragüistas Marcus Walz y Saúl Craviotto, el ciclista de montaña Carlos Coloma y la windsurfista Marina Alabau ya conocían el éxito internacional antes de unos Juegos, pero admiten que estos les han cambiado la vida con nuevas expectativas. Algunos de sus compañeros han declinado la invitación, «cansados» de que los medios solo nos acordemos de los deportes menos populares al olor del triunfo. Tocado. Admitámoslo y entonemos el mea culpa.

Premios congelados

El COE y el CSD otorgan la misma recompensa desde Pekín'2008.

euros por el oro, 48.000 por la plata y 30.000 por el bronce en modalidades individuales. 75.000, 37.000 y 25.000 en deportes por parejas; y 50.000, 29.000 y 18.000 para los equipos.

euros, beca máxima anual del ADO durante dos años en individual por oro. La mínima, 22.000 el bronce en equipos.

EL CONTRAPUNTO

No todo es brillo. Recientemente, Joan Lino, bronce en Atenas'2004 en salto de longitud; la jugadora de balonmano Mihaela Ciobanu, bronce en Londres'2012, y la exgimnasta Carolina Pascual, plata en Barcelona'92, reclamaron mayor apoyo público para financiar el deporte. «En España se apuesta más por la ayuda privada que por la pública», lamentó Joan Lino. También solicitaron impulsos que faciliten la inserción laboral de los deportistas retirados. En este sentido, el Comité Olímpico Español (COE) y La Caixa presentaron hace un mes una iniciativa para facilitar la integración de los competidores en el mercado de trabajo.