Una lucha llena de obstáculos

  • La clave: una silla adaptada

Las familias destacan la aventura que supone salir a la calle con una persona en silla de ruedas y ponerse a trotar. Al principio lo hacían con las habituales para mover al discapacitado, pero suponía poner en riesgo un objeto imprescindible para el día a día. Con la creciente demanda se han estandarizado carros de competición. Son vehículos de tres ruedas que no pesan más de 35 kilos y muy versátiles. Su coste supera los 900 euros, así que los colectivos que se van agrupando buscan formas de financiación y préstamo que les permitan compartirlos y sacarles el máximo partido.

Para el corredor que empuja «la carrera siempre es una sorpresa, nunca sabes cómo va a reaccionar el compañero que va sentado». Unas incógnitas que se multiplican en una maratón. «La parafernalia empieza varias horas antes de la salida -resume José Manuel Roás-. Yo caliento, corro y me adapto pero, en las cinco horas que dura nuestra maratón, tengo que pensar en abrigar a mi hijo al principio, tal vez aligerar la ropa después...».

«Luego están los niños que se quieren levantar de la silla. A unos les entusiasman los aplausos, otros pasan miedo...», resume la casuística Victoria Abolafio. Además está el esfuerzo por convencer a los organizadores para que dejen salir a las sillas sin entorpecer al resto. «Vamos superando todos los retos porque estos chicos son ya el motor de muchas carreras».