BANDERITA

Debo de estar muy trasnochada o tal vez (a base de vivir en distintos lugares) demasiado alejada de los arrebatos patrióticos... Pero, vamos, que jamás se me habría ocurrido pensar que el corte de mangas literal de Piqué pretendiera ser un corte de mangas metafórico contra España y su bandera. Yo lo enmarcaría más bien dentro del capítulo de los originales y a menudo chocantes estilismos 'piquetianos', como esa vistosa manía suya de llevar las medias por encima de la rodilla, que hace que sus estilizadas y largas piernas más que de futbolista parezcan las de una vedette del Paralelo.

El día que, en concreto, se pone medias rosas vistiendo la segunda equipación del conjunto azulgrana está divino: solo le falta el liguero... Conste que lo digo con admiración. A mí Piqué me cae bien. Lo entrevisté hace años en Barcelona, cuando ejercía también de modelo, y me pareció un tío majo, con pinta de buena persona. No será un genio de la dialéctica, pero es que lo suyo no es salir al campo a dar mítines políticos sino a despejar balones. Si al gran defensa culé le doliera España hasta el punto de tener que arrancársela a jirones de la camiseta, entonces tendría un problema, para empezar mental, y para seguir moral por fichar de mercenario para el ejército enemigo.

Pero prefiero pensar que ni Piqué ha contraído una absurda fobia contra el país para el que ha sudado la camiseta hasta lograr una Eurocopa y un Mundial, ni la selección española es ese nido de fachas recalcitrantes de pensamiento único que algunos quieren ver, porque entonces ahí no seguiría jugando como defensa alguien que defiende públicamente el referéndum por la independencia de Cataluña. A las patrias conviene mirarlas como a los eclipses de sol: con distancia y con filtro. De lo contrario, pueden provocar una ceguera irreversible. O peor aún, un peligroso daltonismo que conduce a quien lo padece a ver la vida (tan diversa y llena de matices) únicamente en dos o tres colores: los de su propia bandera.