Los Gómez-Sota asisten «impotentes» al derribo de su casa en el casco antiguo

El alcalde lamenta la situación, pero asegura que se ha actuado «con responsabilidad y conforme a la legalidad»

I. ÁLVAREZ
Francisco Gómez y su mujer Rita Sota junto a los primeros escombros de la demolición de su vivienda. ::                         I.Á./
Francisco Gómez y su mujer Rita Sota junto a los primeros escombros de la demolición de su vivienda. :: I.Á.

Ayer fue un día especialmente duro para la familia Gómez-Sota. Seguramente, uno de los peores de su vida. A las ocho de la mañana las máquinas entraban en el Rasillo de San Francisco y comenzaban a demoler su vivienda. La casa en la que han vivido en los últimos 20 años y que de la noche a la mañana fue declarada en ruina por el derrumbe de la alcoba de otro inmueble contiguo. Por ello se mostraban «impotentes».

Así se sentía el matrimonio formado por Francisco Gómez y Rita Sota mientras veía como las paredes de su casa se iban haciendo añicos. «Estoy en la calle y no sé dónde voy a ir», lamentaba Francisco, al tiempo que contemplaba el desolador panorama. «Estamos buscando algún sitio para quedarnos de momento, pero todavía no sabemos qué vamos a hacer», comentaba a los periodistas con la rabia de estar viviendo una «injusticia».

Aunque en los últimos días ha intentado parar el derribo, que afecta a otras dos viviendas que se encuentran en la misma unidad catastral, no ha conseguido nada. «Presentamos un recurso a nivel de Ayuntamiento, que nos lo han denegado y ahora hemos presentado otro recurso por vía judicial», explicaba después de asegurar que el pasado martes recibió una notificación del Consistorio en la que «nos decían que teníamos un mes para recurrir y hoy (por ayer) han comenzado a tirar la casa».

Ayer tampoco fue un día fácil para el alcalde de Calahorra, Javier Pagola. De hecho, en declaraciones a este periódico reconocía que le había costado conciliar el sueño. «Yo no quiero derribar nada, pero tengo que actuar con responsabilidad y conforme a la legalidad», afirmaba.

Desde el Consistorio se informaba después en una nota de prensa que se había dado paso al derribo subsidiario después de que «ninguno de los propietarios hayan impugnado la declaración de ruina(...) ni hayan procedido a la demolición».

En la nota se precisaba que sólo Francisco Gómez había presentado un escrito de paralización de las obras, «sin informes técnicos ni jurídicos que la avalasen» y que fue denegada el 15 de julio «dada la situación de urgencia y peligro que supondría la demora en los plazos de demolición de dicho edificio».

Respecto a la notificación remitida el martes, el Consistorio aclara que se trata de «la denegación de la solicitud de la paralización de la demolición».

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