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Un jurista al que no le tiembla el pulso

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Un jurista al que no le tiembla el pulso

A sus 67 años, el magistrado José Castro ha tomado la decisión más delicada de su dilatada carrera

04.04.13 - 00:08 -
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Un «buenos días» y una sonrisa. Es todo lo que se le puede sacar al cordobés José Castro cuando se baja de su deportivo azul BMW camino de la puerta de atrás del juzgado de Instrucción 3 de Palma de Mallorca. El juez que se ha atrevido a imputar a la hija del Rey, a pesar de lo que se pueda creer, no es un tipo mediático y no le gustan particularmente los periodistas, aunque los trata con aprecio.

Castro, al que no hace ni pizca de gracia que le comparen con Baltasar Garzón, parece cortado por el patrón de un juez de libro, si no fuera por sus poco discretas chaquetas de cuero negro debajo de las que se esconde un jurista de 67 años al que no le tiembla el pulso a la hora de complicarse la jubilación metiéndose en problemas con las más altas instituciones del Estado, incluso sin el respaldo, es más con la oposición, del criterio de su amigo, el fiscal Pedro Horrach.

Aunque en 1992 se estrenó en la corrupción política con el 'caso Calvià', su trayectoria de juez 'sin miedo' había pasado casi desapercibida fuera de las islas hasta que abrió en noviembre del 2011 la pieza 25 del denominado 'Palma Arena', el caso Urdangarin. Hasta entonces, su mayor medalla judicial en 34 años de carrera dando tumbos por Dos Hermanas, Arrecife, Sabadell y Palma había sido dictar en marzo del 2010 prisión provisional eludible con una fianza de tres millones de euros para el expresidente balear y exministro de Medio Ambiente, Jaume Matas, al que imputó doce delitos de corrupción durante su último mandato.

Desde que se abriera el 'caso Urdangarin', consciente de que todos los focos iban a estar centrados en él, ha querido fomentar aún más esa leyenda de juez independiente a las presiones del poder que comenzó a fraguarse con Matas. Sus resoluciones en el sumario Nóos son audaces, tanto como la conducción en sus tiempos mozos de motero, su gran pasión, arrinconada poco a poco por el peso de los años y las responsabilidades con los nietos. Decisión exclusivamente suya, sin que se lo solicitara el fiscal, fue la de citar como imputado a Carlos García Revenga, el secretario de las infantas y «asesor de la Casa del Rey», al entender que estaba al tanto de todo lo que hacía Urdangarin.

Heterodoxo

Tampoco dudó un segundo en decir que sí cuando Horrach le propuso citar como testigo al amigo personal y asesor del Rey, José Manuel Romero, conde de Fontao, para que explicara el mensaje que la Zarzuela transmitió a Urdangarin para que rompiera con Nóos.

Suya también fue la determinación de aceptar la petición de Manos Limpias, que no de la Fiscalía, de ordenar a Hacienda una investigación completa de las declaraciones fiscales de los duques de Palma para ver si se habían acogido a la amnistía fiscal del año pasado. No le tembló el pulso igualmente a principio de años cuando ordenó embargar en tiempo récord todos los bienes del duque de Palma.

No se amilana en los interrogatorios, en los que ha demostrado que no permite que duques, secretarios de infantas o asesores reales se anden por las ramas o intenten enredar el proceso. Son conocidas sus llamadas de atención, trufadas de socarronería y sus frases poco habituales en un instructor como la ya famosa de «si hay que imputar a la infanta se le imputa», que soltó durante un interrogatorio cuando la mujer de Diego Torres, Ana María Tejeiro, insinuó que no tenía arrojo para llamar a declara a la hija de don Juan Carlos.

Dicen que el único paso que Castro se ha quedado con ganas de dar en el caso de Iñaki Urdangarin es el de citar como testigo a la princesa Corinna, la amiga íntima del Rey, para que explique realmente sus tratos con el duque de Palma. Los que conocen al magistrado andaluz, sin embargo, insisten en que «Pepe» no suele «dejar las cosas a la mitad» y no descartan nada.

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Castro sale de su juzgado de Palma de Mallorca. :: JAIME REINA / AFP
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