A uno de los lados de la larga calle que recorre el municipio riojalteño de Santurdejo, cerca del Ayuntamiento, está 'La Universidad', uno de los dos bares del pueblo, cuyo nombre guarda relación con el hecho de que el edificio en el que se encuentra fue antaño la escuela.
Lo llevan, desde hace tres años, Elena Ciama y Ion Radu Serghie, un matrimonio que, procedente de Rumanía, llegó hace seis años a España «en busca de una vida mejor» y con un propósito concreto: ganar dinero para comprarse una casa en su país.
Ese objetivo ahí sigue, pero su temporalidad ha cambiado: ya no la quieren para vivir, sino para ocuparla «de vez en cuando». El caso es que ya no se quieren marchar de Santurdejo, aunque ella tiene en Rumanía a sus padres y eso es como un cordón invisible que aún sigue tirando con fuerza hacia allí... De hecho, la separación fue lo más duro en sus primeros años de estancia en España. No lo pasó bien. La añoranza y la barrera del idioma fueron los principales obstáculos.
La primera todavía perdura, pero algo diluida ya por el cariño dispensado por los vecinos. «Aquí somos como una familia», dice ahora Elena -en un perfecto castellano-, al hablar del municipio riojalteño, de 164 habitantes, que le recuerda mucho al suyo, Avram-Iancu, «pequeño, con mucha tierra y, sobre todo, de gente muy maja», cuenta. Diríase que sus ojos se humedecen al recordarlo. Normal.
Ambos destilan gratitud hacia el pueblo que les ha acogido, pero también al que les recibió: Santo Domingo de la Calzada, que les sirvió de lanzadera hacia un futuro en España, al que pueden mirar ya con más tranquilidad -si es que alguien puede hacerlo-, sin la neblina de por medio que encontraron hace seis años, cuando desembarcaron con no demasiado equipaje y muchos miedos.
Eso es ya historia. Ion cuenta que los vecinos le dicen: «¡Ya eres riojano!», una vez que constatan que ha pasado la prueba de riojanidad por excelencia: la del picante... Comer guindillas, pimientos... «Antes no lo comía...», recuerda Elena. Ríen.
Él guarda bastante parecido con el rey Baltasar que, en enero pasado, participó en la cabalgata que hacía dieciséis años no se celebraba en Santurdejo. De su bar también parten las colaboraciones que hagan falta y algunas iniciativas, siempre dispuestos a «animar el pueblo». A su pueblo, Santurdejo.



