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La defensa dice que Borja Morillo nunca admitió el asesinato por el que fue «fatalmente condenado»

LA RIOJA

La defensa dice que Borja Morillo nunca admitió el asesinato por el que fue «fatalmente condenado»

En la vista del recurso contra la sentencia, las acusaciones insistieron en la existencia de pruebas que sin «ningún género de duda» conducen hacia el exmarido de Vanesa

23.02.13 - 00:56 -
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Borja Morillo se sentaba ayer por segunda vez en la sala de vistas después de que el pasado mes de diciembre fuera condenado a veinte años de prisión por el asesinato de su exmujer, María Vanesa Ávila Cienfuegos. En la primera, hace poco más de un mes, se debatía su auto de prisión -ratificado poco después- y en la segunda, ayer, la Sala de lo Civil y Penal del Tribunal Superior de Justicia de La Rioja (TSJR) veía el recurso de apelación contra la sentencia que le llevó a prisión el pasado 21 de noviembre. Justo ese día, el tribunal del jurado encargado del caso declaraba al agente jubilado del Cuerpo Nacional de Policía culpable del delito de asesinato con alevosía y con la agravante de parentesco.
La defensa insistió nuevamente en la inocencia de su cliente y en la vulneración, en este caso, del derecho de Borja Morillo a la presunción de inocencia «que es el derecho a no ser condenado sin una prueba». A renglón seguido se refirió a la manifestación espontánea que, según el fallo judicial, efectuó el condenado ante cuatro agentes en dependencia policial, unas declaraciones en las que admitió que mató accidentalmente a Vanesa Ávila arrojando después su cuerpo al Ebro y que, según el letrado, nunca efectuó. «En ningún caso ha reconocido -en referencia a Morillo- el asesinato por el que ha sido fatalmente condenado». Es más, dijo, «la manifestación espontánea aparece por generación espontánea», porque «no fue ratificada ni en sede judicial ni policial».
El abogado apoyó su alegato en contra de la sentencia en la inexistencia de una prueba que demuestre que Borja Morillo acudiese al domicilio de su exmujer en Lardero el 30 de octubre del 2009, el día que fue asesinada, «ni siquiera de que hablase con ella antes por teléfono ni de que en el domicilio de Vanesa ocurriera lo que dicen que ocurrió».
Se refirió a los informes de las dos autopsias que se le practicaron al cuerpo de la joven agente de policía, la primera en Vitoria al día siguiente de que el cadáver fuera hallado en el río, en la localidad alavesa de Baños de Ebro; y la segunda, meses después en San Sebastián. «La primera revela que la causa de la muerte fue la sumersión y que cayó viva al agua y la segunda, que la causa de la muerte es inespecífica», subrayó. Antes de concluir, la defensa solicitó la absolución de Borja Morillo «por infracción de la presunción de inocencia o subsidiariamente cabe apreciar como mucho un delito de homicidio involuntario penado con diez años, puesto que no concurren ni la agravante de alevosía ni la de parentesco».
La Fiscalía, que solicitó la ratificación de la sentencia condenatoria, insistió en que la manifestación espontánea se produjo y «la hizo porque se desmoronó cuando se le negó el habeas corpus». Además, «nadie sabía todavía que estaba muerta, no había sido hallado aún el cadáver» y no lo haría hasta ocho días más tarde, el 15 de noviembre del 2009, quince después de su desaparición. Entre otros argumentos, precisó que ninguno de los cuatro agentes ante los que hizo la declaración conocía a Borja Morillo «ni siquiera eran amigos entre ellos, incluso procedían de distintas ciudades y son de distintas edades».
Como hizo a lo largo del juicio, el Ministerio Público insistió en que Borja Morillo asfixió a Vanesa Ávila cogiéndola por sorpresa por detrás y por tanto «con alevosía». Respecto del momento de la muerte, la acusación pública la fijó al mediodía del día 30 de octubre por el posicionamiento de las antenas de telefonía móvil que situarían al condenado en Lardero y no en su domicilio de Nalda, como él dijo. Además, recordó que el pintor que se encontraba en la vivienda del acusado dijo que éste no llegó a su casa hasta las 16 horas. En cuanto a la agravante de parentesco, la Fiscalía sostiene su concurrencia porque Borja y Vanesa seguían siendo cónyuges. «No se habían divorciado, simplemente se habían separado», precisó.
El resto de acusaciones, particular -que representa al padre de la víctima-; popular -representada por la Asociación de Mujeres Juristas Themis-; y Abogacía del Estado, se adhirieron a los argumentos de la Fiscalía para solicitar que la Sala ratifique la sentencia de primera instancia.
En cualquier caso, la acusación particular insistió en que nadie podía saber cómo iba a aparecer el cadáver «sólo el autor», en referencia a Borja Morillo, quien «seguía enamorado de Vanesa», subrayó. Por su parte, la acusación popular incidió en los episodios de violencia física y psíquica que sufrió la víctima de parte del acusado y en la presión e influencia que él ejercía sobre ella.

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El acusado, visiblemente desmejorado, ayer en el juicio del recurso contra la sentencia que le llevó a prisión. :: JUAN MARÍN
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