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El primer amor de Franco

SOCIEDAD

El primer amor de Franco

Salen a subasta por 25.000 euros las cartas que el joven y tímido alférez Paquito escribió a su amada Sofía Subirán

27.01.13 - 00:15 -
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Antes de Francisco Franco hubo un Franquito. Y antes del temible Generalísimo también existió un chaval enamoradizo y tímido. El corazón de aquel joven llamado Paquito lo hizo trizas una niña de dulce acento cubano llamada Sofía Subirán. Corría el año 1912 y Franco, recién llegado a Melilla, donde cumplió los 20 años, quedó prendado de la hija de José Subirán, el comandante en plaza. Aquella niña no tenía más que 15 años, casi la misma edad que tendría, años después, Carmen Polo cuando cayó en los brazos del general.
Sofía nunca estuvo enamorada de Paquito (siempre lo llamó así), lo que acabó ofuscando a aquel ambicioso militar que casi se deja la vida en el frente para conseguir un rápido ascenso, pues los galones eran la única llave que abría el Casino Militar de Melilla, escenario de los bailes de los viernes en los que Franco asaltaría a la hija del comandante. En ese edificio de tres alturas y fachada cóncava que sigue intacto en la ciudad, aquel veinteañero fogoso echaba sus tímidas redes sobre Sofía. Casi nunca se atrevía a sacarla a bailar. «Era muy patosillo», reconocería a la vejez su pretendida, víctima del tedioso acoso de aquel chico que llegó a teniente en pocos meses. «Paquito prefería que hablásemos, pero a mí me aburría un poco».
Paquito y Sofía comenzaron a cartearse el 6 de febrero de 1913. Franco siempre elegía postales con imágenes de niñas en poses tiernas e inocentes que apuraba hasta el último centímetro. Escribía por delante y por detrás. En horizontal y en vertical. Ese joven enamorado recurría a un estilo calificado como «romanticismo castrense» por Fernando Ruiz Barrachina. Este escritor y cineasta publicó en 2006 el libro 'Le ordeno a usted que me quiera' (Lumen). El título recoge la frase que aparece en una de las últimas postales, cuando Franco ya advierte que su amor no es correspondido. Se aproxima el 5 de junio de 1913, cuando concluye su relación epistolar, el momento en el que la desesperación se apodera del teniente, a quien su orgullo le impide reconocer la derrota, oculta bajo frases como la anterior u otras como «Le permito que me quiera un poco».
Su efímera amistad con Sofía permite intuir algunos detalles de la personalidad del Generalísimo. Así lo interpreta Fernando Ruiz. «Sus postales descubren que los collares, en realidad, no eran algo distintivo de Carmen Polo, sino un fetiche de Franco», quien los pintaba a mano, con tinta china, en las postales que enviaba a Sofía Subirán. La esposa del Caudillo, además, era un calco de su primer amor. Hasta el punto de que en la Pascua Militar de Zaragoza, en 1940, Sofía llegó con su padre en coche a la Academia Militar y, cuando bajó del vehículo, fue vitoreada por la gente al confundirla con Carmen Polo. El detalle disgustó a la mujer del Generalísimo, que vetó su presencia en cualquier acto al que ella acudiera.
«¡Corre, viene mi padre!»
Sofía Subirán murió como una solterona a finales de los 80 en Zaragoza. Esta mujer de origen caribeño no solo rechazó a Paquito, sino a muchos otros. Fernando Ruiz cree que tanto ella como su familia consideraban que ningún hombre «estaba a su altura». El primero fue Franquito, a quien el comandante Subirán no veía con buenos ojos. A la niña le tocaba alertar a su pretendiente. «Si de lejos veía que se acercaba, decía: '¡Por Dios, Paquito, corre que viene mi padre!' Y él echaba a correr como un gamo. El hombre que más hizo correr a Franco en esta vida fue mi padre», comentó Sofía a Vicente Gracia y Enrique Salgado en el libro 'Las cartas de amor de Franco' (Ediciones Actuales). A finales de los 60, Sofía quemó todas las cartas. Salvo 33 que en 1997 pasaron a manos de un coleccionista. Estas reliquias las subastará la casa Durán el 21 de febrero en Madrid con un precio de salida de 25.000 euros. Habrá tres lotes más: un conjunto de las notas manuscritas que hacía antes de un discurso, como el que redactó tras el hundimiento del crucero Baleares, en 1938; un montaje fotográfico del proyecto del Valle de los Caídos sobre el que Franco pintó la cruz a mano, y un epistolario de simpatizantes del General. «Es la mejor y más completa recopilación de documentos de Franco que jamás haya salido a subasta», subraya la casa Durán.
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Francisco Franco, con 19 años, y Sofía Subirán. Arriba, las postales que le escribía. :: SERGIO PÉREZ/REUTERS
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